El cepillo de dientes es el elemento primordial que nos permite tener una buena higiene dental. Por tanto es necesario tener el mismo en el mejor estado de entretenimiento posible para que cumpla su función, es decir, permitirnos tener unos dientes completamente sanos.
Una buena manera de cuidar nuestro cepillo de dientes es lavar el cepillo debajo del grifo de agua una vez que lo hemos utilizado. De este modo lo que lograremos es dejar las cerdas del cepillo libres de cualquier resto de pasta de dientes o de comida. Sobre todo hay que intentar eliminar los restos de pasta de dientes que suelen alojarse en la base de las cerdas del cepillo.
No está demás desinfectar el cepillo de dientes cada cierto número de usos. Para ello podemos utilizar alcohol medicinal que se puede encontrar en cualquier botica o farmacia. Este alcohol es necesario hacerlo correr entre las cerdas y sus bases. También se puede utilizar agua oxigenada para la limpieza en profundidad del cepillo de dientes.
También es posible agenciarse un pequeño contenedor donde pondremos el cepillo de dientes y el alcohol medicinal o el agua oxigenada. Con ese pequeño contenedor lo que vamos a conseguir es sumergir el cepillo en el líquido para de ese modo lograr una desinfección integral del cepillo de dientes, no solo de las zonas que están en contacto con nuestros dientes.
Por último no está demás evitar que el cepillo dental se encuentre alejado del resto de los cepillos. Para ello nada mejor que un capuchón que aísle la zona de las cerdas de cualquier contacto con otros cepillos de dientes. Utilizando el capuchón no hay problema si todos los cepillos de dientes de la familia están en la misma localización.
La naturaleza es muy sabia, y esto en las mujeres que acaban de tener hijos se muestra en que los pechos se adecúan de una manera completamente natural ante la nuevas situación que consiste alimentar al recién nacido. Debido a esa adaptación natural no es necesario utilizar ningún tipo de añadido externo para el cuidado de los pechos de la mamá, será suficiente tener una higiene adecuada de esa parte del cuerpo.
Es el propio organismo de la mujer el que se adecúa a una fase de la vida en la cual tendrá que alimentar al bebé dándole el pecho. La areola de los pezones se oscurece y las glándulas y conductos que permiten la lactancia se crean en este momento. Además el cuerpo de la mamá logra producir leche.
A la hora de cuidar el pecho de la mamá es conveniente evitar cualquier tipo de jabón o loción que reseque la piel. Si utilizamos ese tipo de productos, y como consecuencia de la succión del recién nacido, se pueden producir grietas en los pechos e inclusive pequeñas heridas. Por lo tanto reiteramos: durante esta época con tener una buena higiene de los pechos es más que suficiente.
Otra de las medidas que se pueden tomar, debido a que los senos durante la lactancia son más grandes y pesados de lo que es habitual, consiste en utilizar sostenes especiales para lactantes. Estos sostenes se ajustan mucho más fácilmente y permiten proteger mejor los pechos. Una vez terminada la lactancia los pechos retornan a su estado natural. En caso de que la mujer note esa parte de su anatomía fláccida se pueden realizar ejercicios específicos para recuperar la turgencia.
Una de las mejores maneras de prevenir las intoxicaciones alimentarias en verano consiste en dotar a los alimentos de la suficiente higiene y buenas condiciones de conservación. Estos cuidados se deben extremar con los alimentos que vayan a ser utilizados para alimentar a niños y ancianos.
En cuanto a los grupos de alimentos con los cuales hay que tener especial cuidado son aquellos que van a pasar tiempo almacenados y que previamente han sido preparados para el consumo humano. Con estos alimentos habrá que extremar la higiene y a ser posible deben de ser guardados en una nevera o en un frigorífico.
Durante el verano hay que tener especial cuidado con aquellos alimentos que tienen más posibilidades de producir una intoxicación, como son salsas que lleven huevo en su composición, mayonesas, mariscos que sean susceptibles de ser comidos crudos y helados artesanales. Especial cuidado hay que tener con los helados de elaboración artesanal ya que normalmente han sido elaborados con huevo y muchas veces la conservación no es la idónea.
El agua puede ser otra potencial fuente de problemas. En verano, y a ser posible, es mejor consumir agua embotellada para evitar riesgos de intoxicación. También hay que tener mucho cuidado con el agua presente en lugares donde se pueden llevar a cabo excursiones o practicar senderismo ya que incorrectamente se supone que el agua presente en esas zonas por ser natural es salubre.
En caso de que nos veamos obligados a consumir agua de la que no sabemos su procedencia exacta no está demás limpiarla con una gota de lejía por cada litro de agua o si es posible llevarla a ebullición durante 5 minutos para esterilizarla.
El baño turco – Hammam en árabe – es un tipo de baño de vapor en el cual se incluye tanto la limpieza del cuerpo como lograr la relajación. En la cultura árabe y del norte de áfrica han tenido importancia histórica tanto en lo que respecta a la higiene, como lo que tienen de ritual de purificación y de reunión social.
Además del hecho propio del baño de vapor, como ya hemos visto el baño turco tiene una dimensión social e incluso arquitectónica, ya que las casas de baños han ido adquiriendo, al menos en oriente medio y el norte de áfrica, una serie de peculiaridades que le han hecho desarrollar un tipo arquitectónico propio.
La llegada a Europa de los baños turcos se produce por los contactos que diversos países europeos tienen con el imperio otomano antes de la I Guerra Mundial. Precisamente en Europa Oriental los baños turcos se popularizaron durante la Era Victoriana.
El baño turco se podría definir como una versión húmeda de la sauna, aunque el antecedente directo del baño turco son los baños y las termas romanas. Un baño turco que respecte la ortodoxia de este rito de higiene tiene como primer paso descansar un tiempo en el cuarto tibio, posteriormente se pasa por el cuarto caliente – propiamente este sería el baño turco – y por último se realiza una inmersión en una piscina fría.
Opcionalmente y después de haber realizado el baño turco se puede optar por un masaje y posteriormente se pasa al denominado cuarto de enfriamiento en el cual se puede llevar a cabo un proceso de relajación.
El jabón es casi tan antiguo como las ciudades. Al parecer, los primeros jabones conocidos se remontan a la Babilonia del año 2.800 a.C. Entonces, como casi siempre hasta hace relativamente poco, el jabón se hacía a partir de las plantas. Una de ellas es la saponariao “planta jabonera”, cuyo nombre lo dice todo.
Hemos encontrado una receta para hacer jabón líquido en casa con muy pocos ingredientes, todos ellos hierbas mediterráneas abundantes en España. La idea resulta especialmente atractiva llevar a cabo con niños. Es una forma muy sencilla de hacerles tomar conciencia de la importancia de la Naturaleza en nuestras vidas y de que buena parte de cuanto necesitamos se puede hacer en casa en lugar de comprarlo hecho.
Tan sólo necesitamos 50 gramos de raíz de saponaria, un puñadito de hojas de salvia, una cucharada de hojas secas de abrótano y otra de hojas secas de romero. Lo mezclamos todo en un litro de agua y lo ponemos a hervir un ratito. Lo dejamos reposar 45 minutos, lo filtramos y, voilá!: jabón líquido. El producto resultante resulta útil para lavar tanto las manos como tejidos delicados y parece ser bastante efectivo para la limpieza de rostro.
Perros y gatos son las mascotas preferidas en muchas familias. Para los niños, crecer junto a un animal tiene grandes beneficios afectivos y prácticos. Desarrollan mejor la empatía, aprenden responsabilidad y a respetar a los animales y encuentran un divertido compañero de juegos.
Pero ni unos ni otros han nacido sabiendo qué es una mascota o, por la otra parte, un niño. De modo que el mejor consejo para prevenir problemas es educar a los dos en el conocimiento del otro.
Los niños de menos de seis años no deben estar nunca a solas con el animal. Podemos aprovechar este tiempo para enseñarles cómo tratar al perro o gato. El mensaje debe ser que al animal también le duelen los golpes y le gusta que le acaricien y traten suavemente. Enseñarles a jugar juntos y hacerlo con ellos es también la mejor manera de hacer que se conozcan y quieran.
La higiene también es importante. Si nada más dejar al animal, nos vamos con nuestro hijo al baño a lavarnos las manos juntos estamos creando un gran hábito. No hay que olvidar enseñarles a no tocar las heces o la orina del animal. Los animales, por su parte, si son tratados con cuidado suelen entender deprisa que los niños son cachorros y cómo tratarlos.
Niño responsable
Es recomendable implicar al niño en el cuidado de la mascota. Así, que lo saque él a pasear al menos una vez al día y que acompañe en las visitas al veterinario son una forma estupenda de que desarrolle un sentido de responsabilidad hacia el animal. Si además, enseñamos al niño a reconocer las emociones del animal (cuándo está contento, triste, asustado o cansado) estamos previendo problemas y dándole formas de reconocer mejor las emociones en cualquier animal, y, por extensión, ayudándole a ser más receptivo a las emociones humanas.
A largo plazo, estamos dando a nuestros hijos una gran experiencia de ternura y responsabilidad que nunca olvidarán, que afectará positivamente a su capacidad para relacionarse con otros y hacer amigos y que probablemente transmitirán a los suyos.
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Maritina: Yo siempre soy partidaria de la fruta con piel! aunque mejor comerla aunque sea sin piel, que no comerla!!...
DIANA: hola deseo saber cual es la cantidad necesaria y como se prepara con azucar o panela … gracias
Elvira: Y se me olvidaba!!!!!! visitad paredes de nava, el mejor pueblo del mundooo!!!!!! alli os encontrareis...
Elvira: Yo tambien soy alergica al polen y ya la e dicho a mi madre maribi y a mi ermano manuel que me ayuden a...
anki: yo tengo una durez en la mano y esto me viene muy bien
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