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Combatir el colesterol tras los excesos navideños se convierte para muchos en una prioridad y, aunque siempre hay que contar la ayuda de un profesional, una dieta sana y equilibrada puede ser de gran ayuda.

¿Qué dieta es la más indicada para combatir el colesterol?

Para que nuestra dieta anti-colesterol sea efectiva tienen que abundar los alimentos ricos en fibra. Harinas integrales, legumbres, frutas y verduras… todos ellos nos ayudan a eliminar las grasas, mejoran la digestión y además están llenos de pectinas, una sustancia neutra enemiga del colesterol.

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Otros viejos conocidos de la lucha contra el colesterol son los ácidos grasos Omega 3, presentes en el aceite de oliva, el salmón o el atún, y los fitoesteroles, que nos ayudan a proteger nuestro sistema cardiovascular, éstos podemos encontrarlos, sobre todo, en vegetales de hoja verde (espinacas, acelgas…).

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Pero ¿Es suficiente con incluir estos alimentos en nuestra dieta? Lamentablemente no, también es importante eliminar ciertos alimentos, muy procesados y ricos en grasa y azúcar, como los helados, embutidos, fritos y salsas.

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Recuerda consultar a tu médico antes de comenzar cualquier dieta, una vez la tengamos clara solo nos queda una cosa… ¡Seguirla!

Alrededor de un problema como el exceso de peso cada muy poco tiempo surgen nuevas ideas, dietas, o técnicas, orientadas a proporcionar a aquellos que sufren sobrepeso herramientas suficientes para librarse de este problema.

Dentro de toda esta amalgama de nuevas cosas que surgen de manera constante, algunas se muestran como más atractivas, o, desde la percepción del usuario de a pie, como más lógicas. Una de ellas es el concepto de que la manera de masticar influye sobre nuestra dieta, algo muy aceptado, a lo que se suma últimamente la idea de que los alimentos duros nos ayudan a adelgazar.

Es un hecho comprobado que masticar trozos más grandes obliga a masticar durante más tiempo, y, que esta masticación prolongada se puede convertir en un instrumento muy útil para controlar la gula y el exceso de ingesta.

Los alimentos duros nos ayudan a adelgazar

Es en este contexto donde surge la idea de, que plantear una dieta basada en los llamados alimentos duros, para combatir ese exceso de alimentación no necesaria, una teoría que está cogiendo cierta relevancia a partir de los resultados de una investigación.

El estudio determinaba que la dureza de los alimentos jugaba un papel definitivo en las sensaciones que genera comerlos; es decir, un alimento de textura dura que obliga a una mayor masticación que un elemento blando, crea al final una mayor sensación de saciedad.

En diferentes pruebas y estudios realizados ante un mismo modelo de alimentos cocinados para que resulten blandos o para que resulten duros, la diferencia de consumo de calorías en los mismos individuos ante los mismos platos, resultaba ser de un 13% menos de consumo calórico en el caso de los alimentos duros, ya que proporcionaban más rápidamente sensación de saciedad.

De estos resultados, publicados en la revista Plos One, podemos extraer conclusiones realmente interesantes. Por un lado, el hecho de que, efectivamente, aumentar los tiempos de masticación supone un mayor proceso de consumo. Todo ello puede traducirse, a partir de una mayor velocidad en la sensación de saciedad, en una buena combinación para reducir la ingesta de calorías.

Por tanto, y a falta de que estas teorías se desarrollen más en profundidad, no parece mala idea incorporar a nuestra dieta platos con texturas más duras; acudir por ejemplo a los vegetales con piel y crudos, incorporar frutos secos, legumbres etc.

Imagen de flickr por Gonmi

¿Es lo mismo una dieta que un régimen? Aunque habitualmente utilizamos ambos términos de manera indistinta para denominar a una misma cosa, lo cierto es que, efectivamente, una dieta no es lo mismo que un régimen. Vamos a tratar de aclarar las diferencias y lo que cada uno de estos términos viene a significar.

Diferencias entre dieta y régimen

Si nos atenemos a los significados básicos de ambas palabras, o las interpretaciones que históricamente se les han dado, nos encontramos con que la dieta vendría a ser el conjunto de alimentos (en cantidad y variedad) que se consume habitualmente en un tiempo y espacio determinado, de esta manera una dieta puede ser simplemente un modelo de alimentación personal; lo que comemos y como lo comemos orientado simplemente a nuestra alimentación, o, también al placer alimentario.

Por otro lado, el régimen vendría a presentarse como un conjunto de normas o reglas relativas a la alimentación; qué alimentos consumo, en qué cantidad consumo estos alimentos, cuáles de entre todos los alimentos no puedo consumir… en definitiva sería la aplicación de normas alimentarias casi siempre buscando un objetivo concreto; que puede ser desde el acompañamiento a un determinado estado de salud hasta la búsqueda de pérdida de peso, etc.

En este caso, entenderíamos el régimen como la aplicación real de una necesidad que limita o regula nuestra alimentación diaria, mientras que la dieta, como indicábamos anteriormente, es simplemente el conjunto de alimentos que ingerimos, la manera de ingerirlos y el ritmo al que los ingerimos, modificándose en principio libre de reglas y habitualmente relacionada, lógicamente con nuestra manera de vivir, el entorno en el que vivimos, los productos alimenticios más asequibles en nuestro entorno…

Mezclar los términos

Por supuesto que no se comete ningún tipo de pecado mortal cuando utilizamos uno de los términos en lugar del otro, de hecho, está muy extendido este mal uso de ambos términos, sin embargo, conviene situar cada uno de ellos en su lugar, recordamos; la dieta sería una manera de alimentarse que puede ser personal, y el régimen sería un conjunto de normas que rige nuestra alimentación en pos de un objetivo.

Imagen de flickr por DarcoTT WLA

Todo el mundo tiene más o menos claro cómo debe configurarse una dieta sana y equilibrada. Sin embargo, nunca viene mal recordar cuál es su composición y, sobre todo, qué alimentos forman parte de ella.

10 alimentos que nunca encontrarás en una dieta saludable

En esta ocasión queremos destacar los diez alimentos que nunca encontrarás en una dieta saludable y que, de forma general, será recomendable eliminar de nuestros platos o consumir con moderación, cuanto menos:

  • Nuggets de pollo y salchichas: en realidad, cualquier alimento procesado quedará fuera de una dieta saludable. Los beneficios de este tipo de alimentos son más bien escasos, mientras que sus perjuicios son amplios. En el caso de los nuggets, cuentan con un alto contenido en grasas y carbohidratos, a lo que se suma que se deben preparar fritos en abundante aceite.
  • Refrescos y bebidas carbohidratadas: en términos generales su aportación al organismo es negativa, principalmente por su alto contenido en azúcar y por su efecto de ensanchamiento del estómago. Los refrescos light están indicados en muchas dietas como positivos, pero esto es precisamente porque actúan como un saciante con una aportación calórica nula o muy pequeña.
  • Palomitas de maíz en microondas: de entre todos los aperitivos este es uno de los peores, pues contienen sustancias químicas como el ácido perfluorooctanoico y el sulfonato de perfluooctano que pueden generar problemas endocrinos. Las palomitas de maíz en microondas son caso especial, pero entre los productos a evitar en una dieta sana se pueden incluir también todos los aperitivos industriales.
  • Bollería industrial: una dieta sana tiende a prescindir de los dulces y de la bollería, aunque éstos podría tener cabida en algún momento especial. No ocurre lo mismo con la bollería industrial, que por su proceso de fabricación es poco recomendable para el organismo. Su aportación calórica es alta y está llena de grasas saturadas.
  • Margarina: la margarina es rica en grasas saturadas y por eso debe evitarse la propia margarina y los alimentos que la contengan.
  • Patatas fritas: están prohibidos en cualquier régimen y, salvo en casos concretos, deben evitarse. Aportan muy poco valor nutricional pero sí muchas calorías y, además, son ricas en grasas y sal.
  • Arroz blanco: en realidad, el arroz blanco es bueno y figura entre los alimentos más recomendados. Lo que ocurre es que el proceso al que se somete actualmente el arroz hace que su valor nutricional sea escaso, excepto cuando se trata de arroz salvaje o arroz oscuro, que habitualmente suele ser más caro y difícil de cocinar que el tradicional.
  • Barritas de cereales: el marketing las ha convertido en un alimento saludable cuando en realidad casi todas incluyen jarabe de maíz de alta fructosa, así como un alto contenido de sodio y grasas trans.
  • Chocolate blanco: en realidad cualquier chocolate, a excepción de los más puros, quedarían fuera de una dieta saludable, pero el chocolate blanco es especialmente nocivo. Se trata de un derivado del cacao formado por leche, azúcar y manteca de cacao que poco tiene que ver con el cacao original. Su aporte nutricional se limita a grasas y glúcidos, nada recomendables para el organismo.
  • Bebidas alcohólicas: a excepción del vaso de vino que tiene demostrados efectos beneficiosos sobre la salud, la mayoría de bebidas alcohólicas quedan excluidas de los alimentados saludables, especialmente cuando se consumen en grandes cantidades.

Y vosotros, ¿Qué alimentos añadiríais a esta lista?

Imagen © stockcreations – Fotolia.com

La comida es uno de los grandes placeres que existen en la vida y uno al que nadie debería renunciar. Sin embargo, es posible comer bien, comer menos y seguir disfrutando igualmente. De hecho, es posible que el deleite aumente si somos capaces de ingerir una cantidad de alimentos más acorde con nuestras necesidades energéticas reales.

diet conceptDisfruta de la comida pero come menos ¿cómo? Te lo contamos

Lo cierto es que nos hemos acostumbrado a comer demasiado y demasiado deprisa, de forma que al final terminamos disfrutando menos del propio hecho de comer y de lo que comemos. Estos trucos para comer menos servirán para recuperar el gusto por la buena mesa y seguir unas pautas alimenticias más saludables:

    • Llena tu mente de comida antes de sentarte a la mesa: puede ser a través de un plato de otro comensal o con imágenes del menú, pero lo importante es llenar la vista de comida. Al parecer, esto hace que el cerebro se active y envíe más rápido la señal de saciedad al estómago, lo que contribuye a disminuir la ansiedad durante la ingesta. El hecho de haber registrado que hay comida en abundancia hace que nos sintamos más tranquilos y nos ayuda a comer menos.
    • Bebe un vaso de agua antes de comer: un gran vaso de agua llenará nuestro estómago de líquido, lo que contribuirá a que comamos menos y tengamos menos ansia y hambre al comenzar la comida.
    • Prueba con una manzana de aperitivo: un estudio de la Universidad de Pennsylvania ha descubierto que comer una manzana antes del almuerzo hace que durante el mismo dejemos de ingerir 187 calorías. Si tenemos en cuenta que la manzana apenas aporta calorías, pero sí vitaminas y otros nutrientes, no hay razón para que no pongamos en marcha este truco. Además, así estaremos consumiendo una de las raciones de fruta y verdura que debemos incluir en nuestro menú diario.
    • El color de la comida también importa: un estudio de la Universidad de Cornell determinó que el color de la comida también incide en las cantidades que ingerimos. Así, por ejemplo, las comidas blancas en las que apenas hay contraste entre el color del alimento y el plato hacen que comamos más, aquellas en las que hay contraste de colores y además los colores son brillantes ayudarán a comer menos.

  • Usa platos más pequeños: puede parecer de lo más peregrino pero el tamaño del plato sí importa. Para nuestro cerebro es importante registrar que hay abundancia de comida y es posible engañarle con platos más pequeños, que aparentemente estarán más llenos de comida. Esto también ayudará a comer más despacio.
  • Come despacio: éste es quizás el consejo más repetido pero no por ello deja tener su importancia. Cuando más despacio ingiramos los alimentos más tiempo daremos al estómago a percibir si está o no lleno. Es decir, que tendremos más posibilidades de dejar de comer cuando estemos realmente satisfechos y no cuando nos hayamos pasado.
  • Prueba una ensalada de primero: lo bueno de las ensaladas es que ‘atacan’ directamente varios de los puntos mencionados, puesto que son capaces de llenarnos los ojos, llenar el plato y sus colores suelen contrastar. Además, nos llenan por un precio más que módico en términos calóricos.
  • Prepárate para disfrutar: no conviertas la comida en un mero trámite. Trata de disfrutar del momento y de los alimentos que ingieres. Si estás en casa, poner música relajante y ambientar la mesa pueden ayudarte a ‘saborear’ de verdad el momento.
  • No comas directamente de la caja o de la bolsa: si te apetece picar unas patatas, sírvelas mejor en un plato pero no te lleves la bolsa contigo. Un estudio de la Universidad de Cornell ha determinado que comemos un 50% menos si lo hacemos de esta forma, especialmente si el plato o el cuenco son pequeños.

Y vosotros ¿Qué trucos utilizáis para mantener a raya el ansia en la mesa y disfrutar de la comida?

Imagen © ekostsov – Fotolia.com

Repartir la ingesta de alimentos en cantidades menores y más frecuentes facilita la digestión (evitando los efectos de una asimilación pesada y prolongada) y actúa contra los estados repentinos de fatiga, las cefaleas y las bajadas de glucosa. También regula el impulso del apetito y, al llegar con menos hambre a las comidas principales, previene contra el sobrepeso

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El debate sobre las ventajas de hacer cinco comidas al día, en vez de tres, está superado. Al menos entre los dietistas y los nutricionistas: existe un amplio consenso entre estos profesionales en lo que se refiere a este régimen. Siempre, por supuesto, que no se trate de ingerir la misma cantidad de alimentos en cada una de las comidas que en las tres principales. Es decir, que la base de esta dieta consiste en repartir mejor la comida, no en tomar más. La clave está en consumir raciones más pequeñas y de manera más frecuente.

Así, aquella máxima de “desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo” es también válida para este caso. Es decir, que la primera ingesta de alimentos de la jornada sea fuerte, que la segunda sea moderada y que la última sea ligera. A estas tres comidas, las llamadas principales, habría que añadir un tentempié a media mañana y otro a media tarde. Los expertos recomiendan que este refrigerio sea saludable, es decir, que contenga pocas calorías, así como una cantidad atenuada de azúcares, grasas o sal.

De esta manera se formaría la llamada dieta de las cinco comidas. Con ella se buscan distintos objetivos. En primer lugar, evitar los típicos efectos de una digestión fatigosa y prolongada (somnolencia, sensación de pesadez, cansancio, etc.), ya que esa reorganización de las comidas facilita al organismo una asimilación ligera y rápida. Además, esta dieta atempera los estados de ansiedad, nervios o cansancio que pueden surgir entre el tiempo -especialmente si es largo- que hay entre las comidas principales: las cefaleas, las bajadas de glucosa o los estados repentinos de fatiga. Finalmente, la denominada dieta de las cinco comidas también regula el impulso instintivo del apetito y, al llegar con menos hambre a las comidas principales, previene contra el sobrepeso.

Uno de los grandes argumentos de los defensores de esta opción es el hecho de que tanto dietistas como nutricionistas suelen ‘recetarla’ a muchos de sus pacientes que sufren exceso de peso.

Por otra parte, los expertos advierten de que es fundamental no excederse en ninguna de las comidas, pero también remarcan la importancia de no saltarse ninguna de ellas. Tiene que haber una regularidad.

Este tipo de régimen puede ser muy recomendable para deportistas, puesto que que, dada su intensa actividad, queman la energía con facilidad y celeridad.

En cualquier caso, lo importante en cualquier régimen alimenticio es que haya un reparto lógico entre cada una de las comidas, que el contenido de las mismas sea variado, equilibrado y saludable.

La dieta de las cinco comidas es sólo una posibilidad, que puede ser más o menos válida en función de la edad, las condiciones físicas, el ritmo de vida y la actividad física y mental de cada persona.  Así, por ejemplo, un deportista no tiene las mismas necesidades que una persona con sobrepeso. Será partiendo de esos parámetros, y de otras particularidades individuales, como podrá establecerse el régimen alimenticio más conveniente.

Las bebidas carbonatadas carecen de componentes nutricionales beneficiosos, favorecen el sobrepeso, obstaculizan la absorción de calcio, alteran el sistema nervioso y, según la OMS, pueden llegar a provocar diabetes, obesidad, insomnio, adicción o problemas estomacales

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Las grandes marcas de refrescos tienen tal poder estructural que, en ocasiones, acaban por darse situaciones que casi parecen míticas o inventadas, cuando realmente son ciertas. Una de ellas resulta dramática pero, al tiempo, significativa: en numerosos conflictos armados que han tenido lugar en África se ha llegado a ver la inaudita estampa de varios soldados o guerrilleros blandiendo sus armas con las máquinas expendedoras de bebidas carbonatadas justo a sus espaldas. La otra, más amable, llevó a Correos a solicitar la colaboración de uno de los ‘monstruos’ de la industria -de su red de distribución, en concreto-  para lograr la máxima difusión de una campaña lanzada en el ámbito rural.

Son sólo un par de anécdotas pero ofrecen una idea de la aceptación social que han conseguido los refrescos. Sin embargo, desde un punto de vista alimenticio, ¿qué hay tras esa apariencia de mundo ideal que proyectan las grandes compañías del sector? La respuesta consigue un consenso prácticamente absoluto entre nutricionistas y dietistas. Las bebidas carbonatadas carecen de componentes nutricionales beneficiosos para el organismo, es decir, que desde esa perspectiva resulta un líquido inútil.

Además, estos refrescos favorecen el sobrepeso, al conllevar su consumo un gran aporte calórico. No hay que olvidar que el azúcar está presente en una cantidad considerable en estas bebidas. De hecho, numerosos estudios científicos han demostrado la relación entre los refrescos y el aumento de peso y el incremento de grasa corporal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también se ha pronunciado sobre el asunto al advertir del riesgo de padecer obesidad debido a la ingesta de estas bebidas azucaradas.

Paradójicamente, los refrescos -que se toman precisamente para combatir la sed- pueden causar deshidratación, como consecuencia del alto índice de azúcar que tienen.

La propia OMS también avisa de que el consumo de refrescos puede provocar diabetes. En este sentido, un estudio europeo en el que tomó parte el Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición, concluyó que el consumo diario de una lata de esta bebida eleva hasta un 22% el riesgo de padecer diabetes del tipo 2. El trabajo, en el que participaron 350 ciudadanos europeos, permitió establecer la relación entre el consumo de refrescos carbonatados y el riesgo de sufrir esta dolencia.

Uno de los efectos negativos más conocidos del consumo de refrescos son las alteraciones que éste provoca en el sistema nervioso: insomnio, adicción o estados nerviosos habituales.

De la misma manera, los refrescos dificultan la absorción del calcio por los huesos, así como a la desmineralización de los mismos, debido al importante contenido en ácido fosfórico que tienen estas bebidas. La consecuencia es un incremento de padecer enfermedades como la osteoporosis o la caries dental.

También se ha detectado un mayor índice de problemas estomacales en las personas que consumen bebidas refrescantes azucaradas, sobre todo si se exceden. Por ejemplo, la gastroenteritis. El motivo de este perjuicio se encuentra en la acidez de los refrescos, que puede dañar la mucosa estomacal.

Finalmente, también se han detectado efectos nocivos en el hígado, el riñón, el metabolismo, la presión arterial y el aparato digestivo.

Así que el primer hábito que podemos modificar ya está implícito en lo que hemos citado anteriormente; vamos a respetar un volumen de cinco o seis y ingestas de comida al día pero vamos a reducir las cantidades en estas ingestas, evitando a toda costa picoteos de ningún tipo entre horas.

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Para desterrar la ansiedad de la comida entre horas se suele recurrir erróneamente a elementos como frutos secos, o, en el mejor de los casos, frutas frescas, pensando que se puede eliminar este modo la ansiedad sin mayores efectos. Es un error ya que los frutos secos fuera de horas no dejan de ser un picoteo, y las cinco piezas de fruta y verdura diarias deben de estar necesariamente incluidas dentro de las comidas programadas. Una opción, sin pasarse, es el agua, que además de generar cierta sensación de saciedad va contribuir a mantener el tono de hidratación de nuestro cuerpo.

A la hora de realizar cualquiera de esas cinco ingestas diarias, un truco contrastado y comprobado, es comer en vajillas de capacidad más reducida a lo que lo hacíamos anteriormente. Existen estudios que vienen a afirmar que pueda haber una diferencia de cantidad de comida ingerida en dos personas en la misma situación de entre el 15% y el 30% cuando existe una diferencia de capacidad y tamaño en las vajillas y cubiertos; por tanto, una buena idea es servirnos los alimentos en platos y tazones más pequeños e incluso utilizar cubiertos de menor tamaño.

Uno de los grandes problemas de las personas que comen en mucha cantidad tiene que ver con la ansiedad ante la alimentación. Por ello un cambio de hábito en el proceso de ingesta suele ser muy recomendable, pero, además suele comportar una menor necesidad de alimento. En general se trata simplemente de adaptar la masticación a un ritmo más lento. Hay diferentes estudios entre los que encontramos algunos que afirman que lo ideal es un proceso de masticación lento y constante (dando incluso número a la cantidad de masticaciones que habría que llevar a cabo) y otros que afirman que lo ideal es un proceso inverso en el que se comienza masticando a la velocidad habitual para ir reduciendo la velocidad poco a poco, todo ello en el mismo bocado. Sea como sea es una evidencia que cambiar el hábito de masticación y comer excesivamente rápido es una buena ayuda para comer menos.

Dos últimos trucos rápidos; evita tener en casa, en tu despensa, aquellos productos que sabes positivamente que te van a incitar al picoteo entre horas, e incluso aquellos alimentos que no te convienen y que no debían estar presentes en tu dieta, lo que no ves es más difícil de echar de menos que lo que tienes delante y por último, evita siempre bajo todo concepto, dentro de ese marco de alimentación que ya hemos indicado, la doble relación o repetir plato.

Foto de Flickr por Agência de Notícias do Acre

Puedes reducir la celulitis, naturalmente, sin el uso de productos químicos o cirugía. La celulitis es la pesadilla de la mayoría de las mujeres y algunos hombres. La textura de piel de naranja de la piel puede aparecer en los muslos, los glúteos, el estómago y los brazos. El aspecto lleno de baches es causado por una avería en el colágeno de la dermis de la piel, entre otros factores. Esta degradación del colágeno permite la capa de grasa subcutánea empujar a través de las áreas débiles dando lugar a la creación de la textura de la piel de naranja. No hay cura para la celulitis, pero puede tomar medidas para prevenirla y reducirla.

Consejos para reducir la celulitis de forma natural

Las principales causas de esta enfermedad son la edad, las hormonas, el aumento de peso, y la genética. No hay mucho que puedas hacer sobre estas causas, pero puedes seguir estos consejos para prevenir y reducir la aparición de esta.

Cambia tu dieta. Come más frutas y verduras frescas. Agrega los granos enteros, los cuales, naturalmente, aumentar tu consumo de fibra, y evita la harina blanca y el arroz blanco. La fibra ayuda a mantener un correcto sistema de eliminación, lo que ayuda a mantener el cuerpo y la piel sana. Aumenta el consumo de peces de agua fría. El salmón es una gran opción. Los peces de agua fría están llenos de ácidos grasos esenciales. Los ácidos grasos esenciales ayudan a reducir el daño celular y fortalecer y reconstruir las células.

Bebe agua. Sé que suena tonto, pero la hidratación adecuada es esencial para el bienestar general del cuerpo

Ejercicio. Añadir un poco de ejercicio aeróbico de bajo impacto a tu rutina diaria puede ayudar. Caminar, nadar, pesas de mano, Zumba, tai chi o yoga pueden aumentar la circulación y construir suavemente el músculo. A pesar de su ligereza son útiles, evita el uso de máquinas pesadas.

Masaje. Disfruta de un masaje una vez al mes. El masaje mejora la circulación y reduce el estrés. Incluso un auto-masaje de cinco minutos de las zonas afectadas puede ayudar.

Los aceites esenciales para realizar los masajes son seguros, pero puede causar irritación de la piel en algunas personas. Haz una prueba en la piel antes de usar aceite o loción en un área más grande.

Seguir estos pasos te ayudará a prevenir y reducir la celulitis y a mantenerte saludable. Aprender a amar a tus imperfecciones es la clave para una relación feliz entre tú y tu cuerpo.

Imagen: Galería Flickr Dion Gillard

La vitamina A es una vitamina liposoluble. Dos tipos diferentes de vitamina A se encuentran en la alimentación. La vitamina A preformada se encuentra en productos de origen animal como carne de res, pescado, aves de corral y productos lácteos. El otro tipo, provitamina A, se encuentra en alimentos de origen vegetal, como frutas y verduras. El tipo más común de provitamina A es el betacaroteno.

Los alimentos ricos en Vitamina A, ayudan a combatir el envejecimiento

La vitamina A también está disponible en suplementos dietéticos, generalmente en forma de acetato de retinilo o palmitato de retinilo (vitamina A preformada), betacaroteno (provitamina A) o una combinación de vitamina A preformada y provitamina A.

Los carotenoides son pigmentos naturales que son sintetizados por las plantas y son responsables de los colores brillantes de varias frutas y verduras. Hay varias docenas de carotenoides en los alimentos que comemos, y la mayoría de estos carotenoides tienen actividad antioxidante.

Beta-caroteno ha sido mejor estudiado, ya que, en la mayoría de los países es el carotenoide más común en frutas y verduras. Sin embargo, en los EE.UU., licopeno de los tomates ahora se consume en aproximadamente la misma cantidad como beta-caroteno.

Los antioxidantes (incluyendo carotenoides) han sido estudiados por su capacidad para prevenir la enfermedad crónica. El beta-caroteno y otros carotenoides tienen propiedades antioxidantes in vitro y en modelos animales.

Las mezclas de carotenoides o asociaciones con free online pokies game otros antioxidantes (por ejemplo vitamina E) pueden aumentar su actividad contra los radicales libres. El uso de modelos animales para el estudio de los carotenoides es limitada ya que la mayoría de los animales no absorben o metabolizan carotenoides de manera similar a los seres humanos. Los estudios epidemiológicos han mostrado una relación inversa entre la presencia de varios tipos de cáncer y los carotenoides de la dieta o los niveles de carotenoides en sangre.

Sin embargo, tres de los cuatro estudios de intervención con suplementos de dosis altas de betacaroteno no mostró efectos protectores contra el cáncer o la enfermedad cardiovascular. Más bien, la población de alto riesgo (fumadores y los trabajadores de amianto) en estos ensayos de intervención mostró un aumento en los casos de cáncer y de la angina de pecho. Parece que los carotenoides (incluyendo beta-caroteno) pueden promover la salud cuando se toman en los niveles dietéticos, pero puede tener efectos adversos cuando se toma en dosis altas por los sujetos que fuman o que han estado expuestos al amianto.

Será tarea de los estudios en curso y futuros para definir las poblaciones que pueden beneficiarse de los carotenoides y determinar las dosis apropiadas, la longitud del tratamiento, y si las mezclas, en lugar de carotenoides individuales (por ejemplo, beta-caroteno) son más ventajosas.

Imagen: Galería Flickr NatalieMaynor