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El cuerpo humano se encuentra a lo largo del día intentando tener un balance hídrico positivo, esto es, tener un reservorio de agua mayor que el gasto hídrico diario. Nuestro cuerpo está constantemente perdiendo agua sobre todo por medio de los riñones en forma de orina o de la piel en forma de sudor.

La pérdida de líquidos del organismo depende de muchos factores como puedan ser la dieta, el nivel de actividad de la persona, la temperatura externa y corporal y la ropa. Aunque el balance hídrico depende de cada cuerpo, lo más habitual es que varía diariamente entre un 0,1 y un 0,2% del peso corporal de la persona independientemente de factores como la alimentación y los líquidos que han sido ingeridos.

La necesidad de agua de cada persona varía por factores personales, la dieta, las condiciones ambientales, nivel de actividad y otro tipo de factores. Debido a ello la cantidad de agua necesaria por cada organismo se ha creado agrupando a las personas en grupos de edad.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, EFSA, tienen publicados datos científicos sobre los Valores Dietéticos de Referencia para la ingesta de agua necesaria dependiendo del grupo de edad en el que se encuentre la persona. La cantidad de agua indicada no solo proviene de la ingesta del líquido, sino también del consumo de todo tipo de bebidas, humedad de los alimentos y también de otra serie de factores como la actividad física del individuo que va a determinar, entre otros, la transpiración y sudoración a la que va a ser sometida a ese cuerpo.

Una de las mejores maneras de prevenir las intoxicaciones alimentarias en verano consiste en dotar a los alimentos de la suficiente higiene y buenas condiciones de conservación. Estos cuidados se deben extremar con los alimentos que vayan a ser utilizados para alimentar a niños y ancianos.

En cuanto a los grupos de alimentos con los cuales hay que tener especial cuidado son aquellos que van a pasar tiempo almacenados y que previamente han sido preparados para el consumo humano. Con estos alimentos habrá que extremar la higiene y a ser posible deben de ser guardados en una nevera o en un frigorífico.

Durante el verano hay que tener especial cuidado con aquellos alimentos que tienen más posibilidades de producir una intoxicación, como son salsas que lleven huevo en su composición, mayonesas, mariscos que sean susceptibles de ser comidos crudos y helados artesanales. Especial cuidado hay que tener con los helados de elaboración artesanal ya que normalmente han sido elaborados con huevo y muchas veces la conservación no es la idónea.

El agua puede ser otra potencial fuente de problemas. En verano, y a ser posible, es mejor consumir agua embotellada para evitar riesgos de intoxicación. También hay que tener mucho cuidado con el agua presente en lugares donde se pueden llevar a cabo excursiones o practicar senderismo ya que incorrectamente se supone que el agua presente en esas zonas por ser natural es salubre.

En caso de que nos veamos obligados a consumir agua de la que no sabemos su procedencia exacta no está demás limpiarla con una gota de lejía por cada litro de agua o si es posible llevarla a ebullición durante 5 minutos para esterilizarla.

El agua es, con mucho, uno de los elementos naturales más necesarios para el ser humano. Se puede decir sin temor a equivocarse que sin la existencia de agua la vida sería imposible. Sin ir más lejos la mayor parte de la composición de nuestro cuerpo es agua. Es por ello que la ingesta de agua es tan importante y provoca efectos tan salutíferos en el organismo.

El efecto primordial del agua es que nos hidrata. Por otro lado al beber agua utilizamos este líquido elemento para eliminar las impurezas que existen en nuestro organismo, por lo que a la función hidratante se suma la función depuradora que nos ayuda a eliminar ciertos minerales que son perjudiciales para nuestra salud.

El agua también es fundamental para nuestra digestión y absorción de los nutrientes en las comidas. Para estas funciones digestivas y para otras de regulación de nuestra temperatura corporal desde el estamento médico se recomienda al menos beber litro y medio de agua diariamente.

Beber agua también ayuda a prevenir ciertos problemas como son las piedras en el riñón. En caso de que las mismas ya estén formadas, la ingesta de agua permite la disolución de las mismas. Aplicando el razonamiento inverso, se puede afirmar que beber poco agua puede traernos aparejados graves problemas de salud, encontrándose entre ellos la aparición de determinados tumores que en el caso de organismos hidratados no aparecen.

Los baños termales son, en esencia, una utilización de tipo terapéutico del agua. Los baños termales tienen muchas propiedades salutíferas gracias a su acción dinámica y térmica tanto sobre los tejidos como sobre la piel por de la presión y el movimiento de corrientes de agua. Los baños termales está especialmente indicados, entre otros, para el tratamiento de problemas articulares, problemas musculares, obesidad y celulitis.

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También hay una forma específica de tomar los baños termales, no solamente consisten en dejar que nuestro cuerpo se introduzca en agua con estas características. Un baño termal tipo tiene que durar aproximadamente 15 minutos y realizarse en una pileta lo suficientemente ancha como para que se puedan llevar a cabo movimientos.

Otra de las opciones de baño termal puede ser el masaje subacuático. Este consiste en que la persona que está tomando los baños termales se aproxime a una fuente de agua a presión y deje que ese chorro de agua ejerza presión sobre diversas partes de su cuerpo. El masaje subacuático se encuentra especialmente indicado para personas con dolores articulares o problemas musculares.

Las fuente de agua presión de aguas termales también son un tratamiento de primer orden para paliar la celulitis. Este problema suele provenir de la mala circulación de los vasos sanguíneos en determinadas zonas del cuerpo. Gracias a la presión de agua sobre esas zonas se logra que los vasos sanguíneos recuperen una mejor circulación.

Normalmente, al finalizar el baño termal, se conveniente darse una ducha a presión sobre todo el cuerpo. De esta manera la circulación mejora y revitaliza la misma.

El fenómeno de las piernas cansadas cada año que pasa afecta a más gente. Se cree que en estos momentos el 80% de la población adulta tiene algún tipo de problemas con el cansancio de sus piernas, además este problema afecta a los dos sexos por igual, aunque es cierto que las mujeres son más proclives a sufrir de ese tipo de problemas debido a problemas hormonales.

El problema de las piernas cansadas habitualmente proviene de unos malos hábitos que hemos adquirido en nuestra vida diaria. El sedentarismo suele ser uno de los principales causantes de este fenómeno, además de la mala alimentación y la obesidad.

Una dieta rica en fibra nos puede ayudar a sobrellevar el problema de las piernas cansadas. Los problemas intestinales finalmente se acaban trasladando a las piernas por lo que si solucionamos esos problemas solucionaremos también el problema de las piernas. La fibra nos ayudará regular nuestro sistema digestivo y a no tener digestiones pesadas.

Beber agua también es un buen remedio para solucionar el problema de las piernas cansadas. Con el agua eliminamos toxinas y depuramos el organismo. Además de agua para este propósito también se pueden utilizar los zumos, caldos, infusiones o cualquier otro líquido que ayude a eliminar toxinas.

Las piernas cansadas pueden ser también producto de la mala circulación. En caso de que el problema sea circulatorio no está demás dormir con las piernas ligeramente levantadas. Esto se puede conseguir poniendo una almohada debajo de los pies.

La deshidratación es un problema recurrente en verano. Aunque la mayor parte de las veces tengamos en nuestra mano hidratarnos sin problemas, la adaptación a la nueva estación, el cambio de nuestras costumbres en vacaciones y verano provoca que podamos estar muchas veces a solo unos pasos de un proceso de deshidratación leve, cuando no severo.

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La deshidratación se produce cuando el organismo pierde más agua que los que repone. En determinados grupos de población, como puedan ser recién nacidos o adultos mayores, la deshidratación puede tener funestas consecuencias para la salud que inclusive pueden acabar provocando daños graves.

El líquido elemento – el agua – es de vital importancia para la vida de nuestra especie. Hay que tener en cuenta que el 80% de nuestro organismo se encuentra compuesto por agua, de ahí la importancia de estar en todo momento hidratado para evitar el mal funcionamiento de nuestro cuerpo.

Cuando una persona se encuentra deshidratada los primeros síntomas son dolores de cabeza muy parecidos a una resaca producto de haber ingerido alcohol. También es posible que se produzca visión borrosa, bajada de presión, vértigo e incluso desvanecimientos. En determinados grupos de edad ciertas afecciones pueden provocar su deshidratación, que es conveniente recuperar mediante la ingesta de agua, líquidos e incluso alimentos.

Los adolescentes tienen tendencia a deshidratarse como producto de enfermedades gastrointestinales producidas por falta de higiene en los alimentos. Estos problemas estomacales provocan que en los vómitos y en las diarreas se pierda una gran cantidad de líquido. Cuando existe esa problemática es conveniente hidratarse periódicamente y en buenas cantidades.

El ejercicio físico también – sobre todo en verano – es una causa de primer orden de deshidratación. Aunque es muy difícil llegar a una deshidratación severa por esta causa también es conveniente prevenir la deshidratación reponiendo líquidos a medida que estos se van perdiendo.

El agua es indispensable para la vida y la salud de nuestra especie. Hay que tener en cuenta que el 60% – en el caso de los hombres – y el 50% – en el caso de las mujeres – del peso corporal es agua. En el caso de un adulto el peso total del agua es el 72% del la masa magra corporal.

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El agua en el cuerpo humano se encuentra localizado principalmente en tres lugares: en las células, en el espacio intracelular, en el líquido intersticial y en el líquido intravascular. Tanto dependemos de esta fuerza de la naturaleza que es el agua que la composición iónica del líquido intracelular es muy parecida al agua de mar.

Un adulto – en medios no excesivamente caluroso ni húmedo – necesita alrededor de dos litros y medio de agua diarios para mantener el equilibrio. Esta necesidad de agua se suele satisfacer de tres maneras diferentes: líquido ingerido, alimentos, y el metabolismo del cuerpo humano. El aporte es de 1200 mililitros, 1000 mililitros y 350 mililitros respectivamente.

Encontrándonos en verano el sol y el calor provocan que sudemos más y la pérdida de líquido se hace más evidente y rápida. Otra de las causas por las que hay que hidratarse de continuo en verano es que cuanta más agua se pierde menor es la posibilidad de regular el calor corporal.

En verano se recomienda beber al menos 10 vasos de agua al día y consumir alimentos ricos en fibra, independientemente de si uno se siente deshidratado o no. Hay que tener en cuenta que perder el 2% del agua corporal produce la pérdida del 20% de la energía física y un amento de la fatiga.

Las infusiones son bebidas que se obtienen a partir de plantas medicinales, frutas, hojas secas o de hierbas aromáticas a las que se les añade agua a alta temperatura. Algunas infusiones tienen unas propiedades naturales que facilitan bajar el peso. Estas infusiones son un complemento ideal para aquellas personas que están haciendo deporte y llevando una dieta con el objetivo de adelgazar.

Tomar de una a tres infusiones al día ayuda a adelgazar además de mejorar el bienestar general del cuerpo. Las infusiones más conocidas y que se utilizan como complemento para adelgazar son:

1. Té de dulcamara
2. Té de cola de caballo
3. Té de pomelo
4. Té de melón
5. Té de naranja
6. Té de agracejo
7. Té de bardana
8. Té de espina colorada
9. Té de hisopo
10. Té de zarzaparrilla

Sí, lo escuchamos por todas partes: “¡Hay que beber agua!, ¡hay que beber agua!”. Vemos anuncios de agua embotellada, hay máquinas vendiendo botellas en todos lados y es un lugar común decir que nuestro es un 75% de agua pero aún así se nos olvida beber agua suficiente cada día. Y, sin embargo, beber agua con regularidad nos puede traer muchos beneficios.

Un hábito tan sencillo como acostumbrarnos a beber en torno a dos litros de agua, unos ocho vasos de agua, al día (para los adultos) nos puede traer un montón de beneficios y ayudarnos a ralentizar los efectos del envejecimiento. Beber esta cantidad de agua contribuye a mantener nuestra piel humedecida, actúa como lubricante en nuestras articulaciones, limpia nuestro cuerpo, mejora la digestión (y nos puede hacer comer menos, ya que contribuye a saciarnos) y da agilidad a nuestra mente, entre muchas otras ventajas que iremos contando.

Estos son algunos trucos para no olvidarnos del H2O:

- Acostumbrarnos a tomar un vaso de agua con cada comida.
- Mantener una jarra de agua fresquita siempre en la nevera (con unas rodajas de limón o de otras frutas, como las fresas, la hacemos más atractiva y saludable).
- Llevar siempre una botellita de agua con nosotros.
- Procurar tomar alimentos frescos, que tienen más agua.
- Tener siempre un vasito de agua a la vista siempre que permanezcamos sentados muchos tiempo.
- Beber un par de vasos nada más despertarnos.

Nuestra meta son los ocho vasos, no llegar a sentir nunca sed (señal de que el cuerpo realmente necesita agua). Uno de los mejores indicadores es que nuestra orina sea clara o ligeramente amarilla. Pero el mejor de todos es la mejora en el bienestar general que notaremos en cuanto nos acostumbremos.