¿Cómo se empieza a correr? Es la pregunta que muchos se hacen cuando la “enfermedad” del running llama a sus puertas. Miles de dudas sobre ritmo, intensidad, lesiones, ropa adecuada y un largo etcétera asaltan cuando nunca (o solo esporádicamente) has practicado este deporte.

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Para empezar, estaría bien hacerte con un equipamiento adecuado. Por ejemplo, buscar unas zapatillas que se adapten a tu pisada y a las características de tu pie, o comprarte un pulsómetro: con un ejercicio cardiovascular tu corazón trabaja a ritmos muy altos y, si no estás acostumbrado, lo mejor es vigilarte el pulso.

En el apartado tecnológico también será interesante que te descargues una aplicación para tu Smartphone en la que puedas ir vigilando tus cifras. De esta manera podrás ir controlando los tiempos y distancias que vas haciendo y te será más fácil marcarte metas. Si nunca has corrido te irá bien saber que, lo más importante y en lo que se fijan los runners, es en lo que se tarda en hacer un km. Andando rápido puedes hacer un kilómetro en 10 minutos, trotando lento debes hacerlo entre 7 y 8 minutos, y si empiezas a bajar de esa marca estarás corriendo en un tiempo rápido (entre 5-6 minutos está bien).

Y, ahora, una vez que estamos equipados física y tecnológicamente, nos queda lo más importante: salir a correr. Lo mejor será que vayas poniéndote metas de manera progresiva: ¡ojo, no puedes correr en un día todo lo que no has corrido en años!

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Lo ideal es ponerte una rutina semanal en la que cada semana salgas, mínimo, tres días a correr. Durante la primera semana deberás intentar correr durante 5 minutos seguidos y luego hacer andado otros 2. Así hasta llegar a unos 20 minutos de entrenamiento. En la segunda semana podrás seguir este ritmo e incluso aumentar el número de minutos corriendo y disminuir el de los minutos andados hasta llegar a la media hora de ejercicio. De esta manera, en un mes, podrás conseguir correr a una velocidad de unos 6-7 kilométros/minuto y aguantar, sin parar, hasta la media hora de entrenamiento.

Por supuesto, todo esto también dependerá de varios factores: tu edad, tu peso, el tipo de vida que lleves, tu genética, etc. Lo más importante es, en primer lugar, ser persistente y no dejarlo. Todos sabemos que los comienzos son duros y que, cuando empezamos a hacer ejercicio, aparecen agujetas, dolores musculares… ¡pero no lo abandones, estás en el buen camino! Y, por supuesto, en segundo lugar, tener mucho cuidado. Está genial convertirse en runner y llevar una vida sana, pero cuidado con los excesos deportivos: puedes lesionarte. Así que deberás, además de planificarte bien el entrenamiento, estirar adecuadamente antes y después de cada uno de ellos.

Y esto es todo. Ahora solo te queda enfundarte en tus zapatillas, prepararte para salir a la calle y… ¡a correr!

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