Las grasas saturadas, desde su generalización, se han convertido en un grave problema para la salud. Estas grasas saturadas son el origen de una buena cantidad de enfermedades cardiovasculares y de hipercolesterolemia, sobrepeso y obesidad. Denominamos grasas saturadas a todas aquellas que provienen del reino animal con excepción de las grasas que podemos encontrar en el pescado, que habitualmente son insaturadas y saludables para el organismo.
El adjetivo saturado proviene de la composición de cada uno de sus átomos de carbono se encuentra unida al número máximo de átomos de hidrógeno. Esto lo podemos encontrar en diversos alimentos y preparados como pueda ser la manteca, la nata, el sebo o la piel de las de aves.
De cualquier modo el consumo de grasas, ya sean estas saturadas o insaturadas, debe estar regulado en todo momento para poder mantener un peso adecuado y evitar caer en algún grado de obesidad o sobrepeso que finalmente no hacen sino aumentar la posibilidad de padecer en el futuro determinadas dolencias, como pueden ser la diabetes o el cáncer.
El consumo de grasas siempre debe estar medido, ya que los seres humanos tenemos una tendencia casi natural a la hora de consumir grasas, ya que tienen un efecto de saciedad que no tiene por ejemplo los hidratos de carbono. Además las grasas sirven como energÃa de reserva ya que estas, las grasas, no se gastan sino como último recurso.
Una correcta ingesta de grasas no debe superar el 25 o el 30% del total de calorÃas ingeridas y de estas menos del 7% es conveniente que sean saturadas. En una dieta tipo de 2.000 calorÃas no se debe ingerir más de 65 calorÃas de grasa.
