Mañana del 6 de enero. Miles de casas españolas se llenan de niños y niñas que corretean a la búsqueda de los regalos que han dejado los Reyes Magos para ellos. Pero, antes de que ese momento llegue, es muy común que, cuando se van acercando estas fechas, los padres, abuelos o tíos se hagan una pregunta: ¿cuántos regalos hay que hacerles a los pequeños?

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Los expertos aseguran que regalar demasiados regalos no es lo adecuado. Que los niños reciban todo lo que pidan puede ser contraproducente: aunque les satisfaga encontrar los regalos que quieren, pueden entender que todo es “fácil” y, de esta manera, resultar insatisfechos en otras ocasiones, cuando no obtienen lo que desean.

Pero, claro, sabemos que los pequeños, en sus peticiones, suelen ser insaciables: “me pido esto”, “y esto”, “y aquello también”. Suelen pedir el catálogo de juguetes que tengan a mano. Al completo. Entonces… ¿qué podemos hacer? La respuesta es clara y bastante sencilla (a priori): hay que establecer límites. Durante todo el año hay que enseñarles a nuestros hijos el valor de las cosas. Que aprendan que los regalos no pueden ser caprichos y, sobre todo, que entiendan su valor y los aprecien en su medida.

Visto así, las Navidades pueden ser una ocasión perfecta para inculcar esos valores que tanto queremos dejar impregnados en nuestros hijos. Es decir, los padres deberemos anticiparnos al día de los regalos y tener una (o varias, esto dependerá) conversación con nuestros hijos en la que les transmitamos el valor de un regalo y la necesidad de poder un límite a lo que vamos a pedir.

Del mismo modo, esta conversación también deberá tenerse con los más allegados: abuelos, primos, tíos… A todos nos hace ilusión regalar cosas, pero ¡ojo! Regalando todo lo que se nos ocurra podemos malacostumbrar a un niño sin necesidad de hacerlo.

Por eso, lo más inteligente es sentarse con ellos a redactar la carta a los Reyes Magos. No solo les ayudaremos a entender que los regalos tienen un número limitado y que son algo que debemos valorar mucho más de lo que hacemos, sino que además podremos orientarles a la hora de pedir cosas más educativas, que no fomenten el sexismo, etc. Además, ayudándoles a escribir la carta también conoceremos más sus gustos y preferencias.

¿El resto? Es tarea nuestra. No es necesario comprarles todo lo que escriban en la carta. Deberéis actuar acorde a vuestras posibilidades económicas y vuestra filosofía de vida. Eso sí, una vez llegue el 6 de enero y veáis esas caras de ilusión… ¡sólo querréis que llegue el próximo año para volver a vuestros peques tan felices!

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