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Todos y cada uno de nosotros tenemos más o menos predisposición a hablar sobre ciertos temas. Sin embargo, para el tema de la salud siempre tenemos cierta reticencia, ya que es algo muy personal que nos afecta directamente. Tanto la sociedad como los medios de comunicación, intentamos eludir algunos temas relacionados con la salud, que poco a poco se han convertido en tabús.

Son aquellos que incluso nos cuesta tratar con nuestra familia o nuestros amigos más íntimos, y que en la mayoría de los casos afrontamos en solitario. Como consecuencia, no recibimos apoyo social por parte de nadie, no podemos pedir consejo, perdemos la información que nos pueden aportar otros por sus experiencias, o incluso, no acudimos a la consulta de nuestro médico por vergüenza. Hoy hablamos alto y claro de esos temas tan comunes, y que además se dan en la mayoría de personas, los cuales autocensuramos en nuestra vida.

  • La menstruación

Es casi inconcebible que una cosa tan natural como es este proceso biológico sea un tema tabú. Las mujeres tienen la menstruación en torno a 3.000 días durante toda su vida, ¿cómo es posible que algo con lo que conviven durante tanto tiempo siga tratándose como un secreto? Tampones que se esconden de camino al baño, calambres abdominales que se disimulan con ibuprofenos o experiencias que dejan de hacerse por el simple de hecho de “tener la regla”.

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Este incomodo periodo del mes sin embargo es el signo de que en tu cuerpo todo funciona correctamente, y debes de aprender a vivirlo con total normalidad. No hay nada que no puedas hacer por el hecho de estar menstruando, ya que afortunadamente cada vez son más las medidas de higiene disponibles para que la regla no interrumpa tu ritmo de vida. Recuerda controlar la regularidad de los periodos, la cantidad, el aspecto; y siempre que detectes que algo no va como todos los meses atrás consúltalo con tu ginecólogo.

  • La salud mental

Aunque el mundo se empeñe en imponernos lo bonita que es la vida, todos tenemos derecho a tener un mal día o pasar un periodo difícil que nos desequilibre a nivel emocional, y no por ello somos más o menos egoístas. Hoy en día, las enfermedades mentales son una de las grandes causas de discapacidad en el mundo. Sin embargo, a pesar de que este tipo de psicopatologías es mejor tratarlas sin cambiar nuestra vida, vemos como hoy en día se pagan millonadas por internarse en un centro en el que curarse sin que nadie se entere.

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Tanto los tratamientos médicos, como la manera en que tanto nosotros como los medios hablamos del tema, hacen que la persona que padece este tipo de enfermedades se sienta observada y criticada. Si conseguimos que la salud mental deje de ser un tema tabú, podremos ayudar mucho más a las personas que sufren depresiones o trastornos psicológicos.

  • Sexualidad

Problemas sexuales, enfermedades de transmisión sexual, dudas… el tema de la sexualidad daría para mucho si no lo tuviéramos tan censurado. Probablemente todos nosotros alguna vez nos hemos visto en una situación en este ámbito que no sabíamos resolver, pero que no estábamos dispuestos a pedir ayuda o consejo por miedo a las burlas, las críticas o los reproches. Aunque cada vez más, e incluso desde adolescentes en los centros educativos, se habla más abiertamente de la sexualidad, continua siendo un tabú.

Es importantísimo concienciar a la población de que la salud sexual es tan importante como el funcionamiento de nuestros órganos vitales. Si no tenemos una correcta higiene íntima, no utilizamos protección en nuestras relaciones sexuales, no llevamos un control médico periódico y obviamos problemas que puedan surgir por vergüenza, estamos poniendo en peligro nuestra vida.

  • Problemas gastrointestinales

¿Quién no ha sufrido alguna vez  episodios de estreñimiento, colitis o reflujo ácido? Sin embargo evitamos hablar de ellos a toda costa, ya que nos parece algo desagradable. No hay nada más importante en nuestro organismo que un correcto funcionamiento de nuestro estómago, intestinos y colon, por ello no obvies nunca este tipo de trastornos con tal de evitarlos.

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Procura evitar los alimentos ofensores, como el trigo, productos lácteos, azúcar, edulcorantes y colorantes artificiales y aditivos; cambia tus hábitos alimenticios, dedicando el tiempo necesario a las 5 comidas diarias; controla el estrés, haz el ejercicio más adecuado para ti y ayúdate de suplementos nutricionales si es necesario.

  • La obesidad

¿Cuánto pesas? Quizás es una de las preguntas más temidas, y es que nuestro peso siempre es algo que nos cuesta decir, y mucho más cuando padecemos obesidad. Esta enfermedad, a priori, no pasa desapercibida, pero el principal problema que tiene es que hay mucha gente que aun siendo consciente de tenerla la obvia y evita tratarla. La obesidad puede acarrear múltiples problemas cardiovasculares, osteoarticulares, diabetes, etc.

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Si te sobran unos kilos, afróntalo y cuéntaselo a los que te rodean para que puedan ayudarte a deshacerte de ellos. Tu familia puede apoyarte moralmente, tu pareja a controlar tu alimentación, tu monitor a ponerte una tabla de ejercicios especial, tu médico a llevar una dieta equilibrada, etc.

10 claves para eliminar los líquidos que tu cuerpo no necesita

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A veces notamos en nuestro cuerpo una sensación de hinchazón que se traduce en bolsas en los ojos, pantalones que no nos entran, anillos que aprietan más de la cuenta o vientres menos planos de lo que eran antes. Nuestro cuerpo está reteniendo líquidos, y como consecuencia notamos un aumento de peso difícil de controlar. La retención de líquidos afecta principalmente a las mujeres durante los periodos de desajustes hormonales, como la menstruación, la menopausia o el embarazo. Sin embargo, también existen otros perfiles que por problemas de metabolismo, estrés o malos hábitos alimenticios pueden sufrir este tipo de trastorno.

¿Por qué retenemos ese líquido? Porque el organismo detecta falta de líquidos al no haber ingerido los suficientes o por haber consumido demasiado sodio, y como respuesta cierra sus depósitos para retener el líquido necesario para mantener el equilibrio del cuerpo.  En la mayoría de los casos, este mecanismo de defensa se produce al llevar una dieta desequilibrada y un ritmo de vida demasiado sedentario, por lo que lo más acertado para eliminar este problema es cambiar nuestros hábitos.

  1. Bebe 2 litros de agua al día. Si el cuerpo está hidratado, eliminará los líquidos retenidos. Es importante no sobrepasar los 4 litros diarios.
  2. Realiza ejercicio diariamente. Intenta mantenerte en forma con al menos 30 minutos de ejercicio al día.
  3. Reduce el consumo de sal. Evita comer alimentos como embutidos, salazones, salsas o comidas precocinadas. Sustituye la sal en tus platos por especias o hierbas aromáticas.
  4. Lleva una dieta saludable. Incrementa el consumo de frutas (sandía, melón y plátano) y verduras (alcachofas, acelgas y calabaza), incluye raciones de carne roja e hidratos de carbono bajos en sodio, como el arroz, los cereales o la patata.
  5. Evita el exceso de azúcar. La glucosa favorece la retención de líquidos, por lo que controla el consumo de golosinas, bollería o comida rápida.
  6. No uses ropa muy ajustada. Las prendas muy ceñidas impiden la buena circulación de los líquidos y las toxinas, sobre todo en la zona de las caderas y las ingles.
  7. Utiliza productos con hierbas drenantes. Ten presente en tu dieta el diente de león, la cola de caballo y el té verde, ya que te ayudarán a eliminar los líquidos que se acumulen.
  8. Intenta no dormir bocabajo. Si estamos durante demasiadas horas en esta posición dificultaremos la circulación de los líquidos.
  9. Descansa lo suficiente. Duerme las horas necesarias para renovar tu cuerpo y mente. El estrés y la falta de reposo también pueden jugar en tu contra.
  10. Ayúdate de masajes drenantes. Este tipo de técnicas profesionales ayudan a eliminar líquidos con más facilidad.

Si quieres comenzar a eliminar líquidos, recuerda que lo principal es seguir una dieta saludable, y con nuestro servicio de bienestar Avantsalud tienes los mejores dietistas a tu disposición para estudiar tu caso y ayudarte. Además, también podrás disfrutar de grandes descuentos en masajes drenantes en nuestras clínicas de estética distribuidas por todo el país.

Melocotones, sandías, melones, cerezas o mangos son algunas de las variedades de la época estival que podemos incluir en los helados. Además de las ventajas nutritivas y de la capacidad para hidratar de estos alimentos, el proceso de elaboración puede ser una buena excusa para pasar un rato con los críos y que hagan sus pinitos en el mundo de la repostería saludable.

Cocinar con niños, helado casero y frutas de temporada: rico y sano

El consumo de helado puede ser un gran aliado para la hidratación de los niños y los jóvenes durante el verano. Junto a las personas mayores y otros colectivos forman los llamados grupos de riesgo y, por ello, conviene prestar especial atención a este aspecto. La ventaja del helado frente a otras posibilidades (agua, zumo, etc.) es que, además, suele resultar apetecible para el niño. No obstante, conviene tener en cuenta que no todos los helados hidratan de la misma manera. Esta capacidad variará en función de la composición del mismo: no puede compararse en términos nutritivos un helado compuesto por grasas que otro que añada fruta, igual que es diferente un helado industrial que otro hecho en casa.

Por esas razones, desde aquí recomendamos para el consumo infantil la elaboración casera de helados que contengan frutas de temporada. Rico y sano, como diría el cocinero más mediático de los últimos años.

De entre el grupo anterior, suelen distinguirse distintas variedades de helados:

  • De agua, que pueden tomar distintos formatos, tales como el hielo, el granizado o de gelatina.
  • De leche.
  • De crema.
  • De galleta.

Tomando esos elementos como base para la elaboración, pueden añadirse distintas frutas de temporada, entre otros ejemplos, melocotones, sandías, melones, cerezas o mangos, que son las variedades más típicas de la época estival. Bien sea con éstas o con otras -al gusto de consumidor-, las combinaciones son variadas y numerosas.

Finalmente, cabe destacar que, además de las ventajas nutritivas y de la capacidad para hidratar de estos alimentos, el proceso de elaboración puede ser una buena excusa para pasar un rato divertido y diferente en familia. Con una batidora y un poco de imaginación al dar forma los helados, sólo habrá que preocuparse de disfrutar.

¡Buen provecho!

Imagen de Flickr  por LWYang

Algunos expertos aseguran que, cuando se altera un alimento, resulta inevitable que pierda parte de sus valores originales. Sin embargo, otros especialistas mantienen que, si el proceso de congelación y descongelación es el adecuado, la pérdida es apenas imperceptible.

¿Pierde propiedades la comida congelada?

Que los alimentos congelados hacen ganar tiempo, aliviar esfuerzo y que suelen ser más económicos, no es un ningún secreto. Son, en síntesis, una adaptación más de las muchas que hemos desarrollado como consecuencia de la frenética vida moderna, especialmente entre los urbanitas. A pesar de su popularidad, muchos consumidores recelan de su calidad, su sabor y sus valores nutricionales.

Aunque no existe consenso sobre si los alimentos congelados pierden sus propiedades, sí hay una serie de cuestiones fundamentales a la hora de analizar este fenómeno. De entrada, muchos expertos en nutrición aseguran que, en el momento que se altera un comestible, resulta inevitable que pierda parte de sus valores originales: el mínimo se sitúa en el 10% de las vitaminas que el alimento poseía en un primer momento antes de congelarlo. Por el contrario, otros especialistas mantienen que, si el proceso de congelación y descongelación, así como el tiempo de congelación, son los correctos, la pérdida de propiedades es apenas imperceptible.

En este sentido, conviene tener en cuenta varios aspectos que pueden hacer que se conserven o no determinadas características nutricionales:

  • Si el alimento se compra ya congelado o si se congela tras haberlo adquirido fresco.
  • Si se interrumpe la cadena de frío desde el lugar de compra hasta el sitio de congelación.
  • Si el congelador posee las características idóneas para la conservación, es decir, si funciona correctamente y es adecuado para el alimento de que se trate.
  • Los productos frescos también pueden sufrir alteraciones en su traslado desde el lugar de recolección o fabricación hasta la casa o el establecimiento donde se van a consumir.
  • El actual sistema de ultracongelación garantiza un 100% del contenido nutricional, según algunos especialistas. Los alimentos son congelados lo antes posible a temperaturas que alcanzan hasta cuarenta grados bajo cero. Así, explican, se conservan las propiedades nutricionales y también las cualidades organolépticas (sabor, textura, color y olor).
  • Que el proceso de descongelación sea el adecuado también es importante. Esto implica no forzar los tiempos utilizando, por ejemplo el microondas.
  • También resulta clave no rebasar el tiempo máximo de congelación, que puede oscilar entre los seis meses y el año en función de los alimentos de que se trate.
  • Imagen de Flickr por notfrancois

El ‘zumo de cebada’ aporta nutritivos (vitamina B, por ejemplo), no engorda, es antioxidante, previene contra el riesgo cardiovascular y forma parte de la dieta mediterránea. Aunque, eso sí, todos estos beneficios se consiguen únicamente realizando un consumo moderado.

Cinco mitos sobre la cerveza

La tripa cervecera es un mito. Así lo mantienen la mayoría de los expertos médicos en nutrición y dietética. Y es que la causa que provoca la aparición de la ‘curva de la felicidad’ se sitúa, más bien, en un desequilibrio alimentario general y en la ausencia de actividad física. Ésa es la conclusión de la práctica totalidad de los estudios realizados sobre el denominado ‘zumo de cebada’.

La cerveza es una bebida fermentada, que contiene una graduación alcohólica baja (entre 4º y 5º habitualmente, aunque las hay sin alcohol y hasta las que superan los 15º), con unas características particulares en su composición que la diferencian del resto de bebidas. A fin de cuentas, se elabora a partir de ingredientes naturales: agua, cebada malteada y lúpulo. La cerveza tiene un bajo contenido calórico: entre 75 y 100 calorías de media y, en el caso de que sea sin alcohol, unas 40 calorías.

Sobre la cerveza se ha dicho y escrito mucho. Tanto, que numerosos expertos han elaborado amplios, variados y cuantiosos estudios sobre los beneficios y los perjuicios de su consumo. A continuación ofrecemos cinco mitos sobre la cerveza, que toman como supuesto un consumo moderado de la misma. De otra forma, si su ingesta es excesiva puede resultar nociva para el cuerpo humano, especialmente para el cerebro, como ocurre con cualquier bebida alcohólica.

  • La cerveza posee diversos nutrientes, tales como vitaminas del grupo B (especialmente ácido fólico), fibra y minerales (silicio, potasio, magnesio, fósforo, calcio y poco sodio).
  • El ‘zumo de cebada’ no engorda, tal y como se ha visto en el aporte calórico especificado líneas más arriba.
  • Esta bebida fermentada es antioxidante, es decir, que previene contra el envejecimiento.
  • La cerveza previene también contra el riesgo de padecer problemas cardiovasculares.
  • El consumo moderado de cerveza puede formar parte de una alimentación saludable que puede incluirse en la denominada dieta mediterránea actual. En general, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), acepta las bebidas fermentadas (cerveza, vino, cava o sidra) de forma opcional y moderada en la llamada pirámide de la alimentación saludable.

Cabe destacar que las conclusiones descritas han sido extraídas de distintos estudios llevados a cabo por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), el Centro de Información Cerveza y Salud (CICS) y la citada SENC.

Imagen de Flickr por Dunna1

No descubrimos nada nuevo si decimos que la práctica de ejercicio, acorde a las condiciones físicas de cada persona, es una de las actividades más saludables que el ser humano puede realizar. Aun teniendo clara esta premisa, lo cierto es que en general existe un déficit importante personas que efectivamente practiquen deporte de forma habitual.

Por qué debo hacer ejercicio

El ejercicio físico es una parte fundamental de una vida saludable. No sólo previene los problemas de salud, sino que ayuda de manera determinante en cuestiones como el aumento de la energía, la reducción del estrés y el desarrollo de mayores niveles de resistencia. Además, también es clave para combatir un problema creciente y tan serio como la obesidad.

¿Cómo me beneficia el ejercicio?

Existen un gran número de apartados en los que podemos comprobar de manera clara los beneficios de practicar ejercicio, éstos serían algunos de los más destacados:

  • Ayuda a la reducción de riesgos en enfermedades como la obesidad, la diabetes, los trastornos coronarios, la hipertensión, la osteoporosis… Dicho de otra forma, si tu cuerpo se ejercita está más fuerte y es menos factible enfermar.
  • Es básico para el mantenimiento corporal en cuestiones como la flexibilidad articular, la de los tendones y ligamentos. Todo esto contribuye a mejorar la movilidad y agilidad.
  • Ayuda a la reducción de síntomas de envejecimiento, fundamentalmente en aspectos como dolores musculares y óseos. También contribuye a mantener la cabeza ‘más joven’.
  • Contribución importantísima a cuestiones como el alivio de la ansiedad y el estrés, la mejora del sueño, y en general el bienestar mental.

¿Cómo practicar ejercicio?

Debemos partir de la base de que prácticamente todas las personas podemos hacer deporte siempre que éste resulte acorde a nuestra condición física.

Resulta interesante incorporar la actividad física las rutinas diarias al margen de la práctica deportiva específica. Cuestiones como caminar, subir y bajar escaleras, etc., contribuyen sin duda a complementar lo que debiera ser un hábito saludable y  convertirlo en una constante en nuestras vidas.

Si nunca hemos hecho ejercicio anteriormente o si padecemos algún tipo de afección, es conveniente consultar al médico cuál es aquel que mejor se adaptará a nuestras condiciones y durante cuánto tiempo practicarlo.

En general, se da por bueno ejercitarse al menos durante cinco días a la semana en períodos de no menos de 30 minutos. Obviamente, el tiempo depende del tipo de ejercicio, pero simplemente caminar 30 minutos diarios cinco días a la semana es un comienzo más que aceptable para incorporar la actividad física a nuestras vidas.

Imagen © Zsolnai Gergely – Fotolia.com

Una de las actividades familiares más divertidas es cocinar con los niños. Si conseguimos plantear de manera divertida el proceso a la hora de cocinar y convertirlo en un juego educativo con el que, además de divertirnos, aprendemos valores en relación a la alimentación, vamos, a disfrutar nosotros y los más pequeños.

3 recetas para hacer con niños

Hoy os proponemos tres recetas sencillas en las cuales los niños pueden intervenir en mayor o menor medida, pero siempre con supervisión de los adultos.

Pizza de Jamón y Queso

La pizza siempre resulta un elemento recurrente a la hora de hacer recetas con niños, ya que el preparado de la masa es un proceso muy divertido en el cual pueden participar, aunque, con muchas probabilidades tendremos que acabar siendo nosotros los que realicemos el amasado y la forma definitiva.

Vamos a empezar preparando la masa de la pizza. Para ello vamos a necesitar los siguientes ingredientes:

  • Dos vasos de harina
  • 1 vaso de leche (grande)
  • Un taco de levadura prensada (o dos sobres de levadura seca)
  • Sal

Puedes tomar otro tipo de medidas, pero deberá siempre mantenerse esta proporción.

Para preparar la masa simplemente amasaremos todos los ingredientes en un recipiente hasta formar la masa inicial, dejaremos que esta masa repose entre 20 y 30 minutos cubierta con un trapo.

  • Ingredientes para la Pizza
  • Jamón en lonchas (sobre 250gr)
  • Jamón en tacos pequeños (sobre 125gr)
  • Tomate frito
  • Queso rallado (al gusto diferentes tipos de quesos)

Tras estirar la masa la cubriremos con el tomate frito, después pondremos las lonchas de jamón, repartiremos los taquitos de jamón y añadiremos el queso rallado cubriendo toda la mezcla; ya sólo queda hornearla a unos 180° hasta que veamos que el queso ya está fundido y la pizza terminada.

Pastel de Chocolate

Hay muchas maneras de preparar tartas de chocolate. En esta ocasión vamos a ofreceros una receta sencilla en la que pueden participar los niños ayudándonos en aquellas tareas en las que veamos que pueden intervenir sin problemas.

Estos son los ingredientes:

  • 150 gr de azúcar
  • 150 gr de mantequilla (que no esté fría)
  • 200 gr de harina
  • 200 gr de chocolate negro para postre
  • Cuatro huevos
  • (Podemos optar por decorar la tarta con cosas como piezas de chocolate blanco)

Mientras tenemos el horno precalentando, separaremos las yemas de las claras de los huevos. Después batiremos las yemas con el azúcar (saldrá una mezcla espumosa) y, tras haber derretido el chocolate (podemos usar el microondas), dejaremos que se temple antes de mezclarlo todo.

Añadiremos la harina y mezclamos todo bien (mejor usando varillas) hasta que consigamos una masa sin grumos. A partir de aquí llegará una de las partes delicadas del proceso: tras batir las claras a punto de nieve debemos incorporarlas a la masa con cuidado de que no baje el punto. Es bueno hacerlo con movimientos circulares, como si estuviéramos envolviendo la masa.

Elegiremos un molde para la tarta, lo untamos con mantequilla y colocamos la masa dentro. Hornearemos a 220 grados durante al menos 20 minutos. Servir templado.

Batido de Fresa

Como vamos a usar azúcar en dos de las recetas, debemos tener en cuenta que, tal vez, no se trate de platos para todos los días, o incluso, que en el caso del batido de fresa, podemos rebajar el nivel de azúcar aportado. Todo dependerá del paladar de los peques.

Este batido es realmente fácil de preparar, solo necesitamos lo siguiente:

  • 1 litro de leche
  • 400 gr de fresas
  • 100 gr de azúcar (o menos según el gusto)

Después de lavar las fresas las cortaremos en trozos, pudiendo incluso guardar algún corte en forma de lámina fina para decorar el batido al final.

Mezclaremos las fresas con el azúcar hasta que se impregnen y dejaremos que reposen en frío por lo menos quince minutos, después las añadiremos a la leche y trituraremos la mezcla hasta que quede lo más cremosa posible.

Este batido se puede decorar, por ejemplo, con láminas de fresa y un poquito de chocolate derretido del que usamos en la tarta.

¡Buen provecho!

Imagen de Flickr por Father.Jack

Alrededor de un problema como el exceso de peso cada muy poco tiempo surgen nuevas ideas, dietas, o técnicas, orientadas a proporcionar a aquellos que sufren sobrepeso herramientas suficientes para librarse de este problema.

Dentro de toda esta amalgama de nuevas cosas que surgen de manera constante, algunas se muestran como más atractivas, o, desde la percepción del usuario de a pie, como más lógicas. Una de ellas es el concepto de que la manera de masticar influye sobre nuestra dieta, algo muy aceptado, a lo que se suma últimamente la idea de que los alimentos duros nos ayudan a adelgazar.

Es un hecho comprobado que masticar trozos más grandes obliga a masticar durante más tiempo, y, que esta masticación prolongada se puede convertir en un instrumento muy útil para controlar la gula y el exceso de ingesta.

Los alimentos duros nos ayudan a adelgazar

Es en este contexto donde surge la idea de, que plantear una dieta basada en los llamados alimentos duros, para combatir ese exceso de alimentación no necesaria, una teoría que está cogiendo cierta relevancia a partir de los resultados de una investigación.

El estudio determinaba que la dureza de los alimentos jugaba un papel definitivo en las sensaciones que genera comerlos; es decir, un alimento de textura dura que obliga a una mayor masticación que un elemento blando, crea al final una mayor sensación de saciedad.

En diferentes pruebas y estudios realizados ante un mismo modelo de alimentos cocinados para que resulten blandos o para que resulten duros, la diferencia de consumo de calorías en los mismos individuos ante los mismos platos, resultaba ser de un 13% menos de consumo calórico en el caso de los alimentos duros, ya que proporcionaban más rápidamente sensación de saciedad.

De estos resultados, publicados en la revista Plos One, podemos extraer conclusiones realmente interesantes. Por un lado, el hecho de que, efectivamente, aumentar los tiempos de masticación supone un mayor proceso de consumo. Todo ello puede traducirse, a partir de una mayor velocidad en la sensación de saciedad, en una buena combinación para reducir la ingesta de calorías.

Por tanto, y a falta de que estas teorías se desarrollen más en profundidad, no parece mala idea incorporar a nuestra dieta platos con texturas más duras; acudir por ejemplo a los vegetales con piel y crudos, incorporar frutos secos, legumbres etc.

Imagen de flickr por Gonmi

¿Es lo mismo una dieta que un régimen? Aunque habitualmente utilizamos ambos términos de manera indistinta para denominar a una misma cosa, lo cierto es que, efectivamente, una dieta no es lo mismo que un régimen. Vamos a tratar de aclarar las diferencias y lo que cada uno de estos términos viene a significar.

Diferencias entre dieta y régimen

Si nos atenemos a los significados básicos de ambas palabras, o las interpretaciones que históricamente se les han dado, nos encontramos con que la dieta vendría a ser el conjunto de alimentos (en cantidad y variedad) que se consume habitualmente en un tiempo y espacio determinado, de esta manera una dieta puede ser simplemente un modelo de alimentación personal; lo que comemos y como lo comemos orientado simplemente a nuestra alimentación, o, también al placer alimentario.

Por otro lado, el régimen vendría a presentarse como un conjunto de normas o reglas relativas a la alimentación; qué alimentos consumo, en qué cantidad consumo estos alimentos, cuáles de entre todos los alimentos no puedo consumir… en definitiva sería la aplicación de normas alimentarias casi siempre buscando un objetivo concreto; que puede ser desde el acompañamiento a un determinado estado de salud hasta la búsqueda de pérdida de peso, etc.

En este caso, entenderíamos el régimen como la aplicación real de una necesidad que limita o regula nuestra alimentación diaria, mientras que la dieta, como indicábamos anteriormente, es simplemente el conjunto de alimentos que ingerimos, la manera de ingerirlos y el ritmo al que los ingerimos, modificándose en principio libre de reglas y habitualmente relacionada, lógicamente con nuestra manera de vivir, el entorno en el que vivimos, los productos alimenticios más asequibles en nuestro entorno…

Mezclar los términos

Por supuesto que no se comete ningún tipo de pecado mortal cuando utilizamos uno de los términos en lugar del otro, de hecho, está muy extendido este mal uso de ambos términos, sin embargo, conviene situar cada uno de ellos en su lugar, recordamos; la dieta sería una manera de alimentarse que puede ser personal, y el régimen sería un conjunto de normas que rige nuestra alimentación en pos de un objetivo.

Imagen de flickr por DarcoTT WLA

El calcio es un elemento esencial para el cuerpo humano. Cada uno de nosotros acumulamos una media de un kilogramo de calcio entre huesos, dientes y tejidos, si bien los dos primeros se llevan la mayor parte.

Alimentos con calcio para fortalecer los huesos

El calcio es más importante en las etapas de crecimiento, ya que ayuda a la formación y fortaleza de los huesos y puede llegar a prevenir posteriores problemas de salud como la descalcificación o la osteoporosis. De forma muy resumida, nuestro cuerpo va acumulando calcio hasta cerca de los 30 años, pero especialmente en la niñez. Al terminar la época de crecimiento nuestro cuerpo pierde buena parte de su capacidad para asimilar el calcio y comienza un proceso de eliminación del mismo. Precisamente por eso es importante aumentar el aporte de calcio de nuestra alimentación.

Por fortuna, existe una amplia variedad de alimentos para ayudar a mantener los huesos fuertes, algunos conocidos y otros menos.  Los lácteos son quizás el producto más repetido en lo que a calcio se refiere. De hecho, precisamente por eso se insiste a los niños en la necesidad de que tomen, por lo menos, un vaso de leche diario. Dentro de la familia de los lácteos el queso curado aporta cerca de 300 miligramos de calcio por cada 20 o 30 gramos, mientras que harán falta 50 gramos de queso blando para alcanzar esta misma cantidad de calcio y 200 gramos de leche o yogur.

Las almendras e higos secos también son ricos en calcio y su aportación es de 300 miligramos por cada 150 gramos. También encontramos calcio en las gallegas María a razón de 128 miligramos por cada 100 gramos.

Las legumbres secas son otra fuente de calcio. Las judías blancas, garbanzos, lentejas y la soja son las más ricas en este mineral. Por su parte, las espinacas, la col rizada, la cebolla y los berros son las verduras más recomendadas para la ingesta de calcio, además de incluir otra serie de beneficios para el organismo.

Las anchoas y las sardinas son otra clásica fuente de calcio, pero también hay otros pescados que aportan calcio al organismo como el lenguado y el salmón. Entre los mariscos, el pulpo, los mejillones, las vieiras y las ostras son ricos en este mineral.

Por último, el huevo es fuente de calcio, si bien la mayoría se encuentra en su cáscara.

¿Sabes cuánto calcio consumes al día?

Imagen © daffodilred – Fotolia.com