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Todos y cada uno de nosotros tenemos más o menos predisposición a hablar sobre ciertos temas. Sin embargo, para el tema de la salud siempre tenemos cierta reticencia, ya que es algo muy personal que nos afecta directamente. Tanto la sociedad como los medios de comunicación, intentamos eludir algunos temas relacionados con la salud, que poco a poco se han convertido en tabús.

Son aquellos que incluso nos cuesta tratar con nuestra familia o nuestros amigos más íntimos, y que en la mayoría de los casos afrontamos en solitario. Como consecuencia, no recibimos apoyo social por parte de nadie, no podemos pedir consejo, perdemos la información que nos pueden aportar otros por sus experiencias, o incluso, no acudimos a la consulta de nuestro médico por vergüenza. Hoy hablamos alto y claro de esos temas tan comunes, y que además se dan en la mayoría de personas, los cuales autocensuramos en nuestra vida.

  • La menstruación

Es casi inconcebible que una cosa tan natural como es este proceso biológico sea un tema tabú. Las mujeres tienen la menstruación en torno a 3.000 días durante toda su vida, ¿cómo es posible que algo con lo que conviven durante tanto tiempo siga tratándose como un secreto? Tampones que se esconden de camino al baño, calambres abdominales que se disimulan con ibuprofenos o experiencias que dejan de hacerse por el simple de hecho de “tener la regla”.

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Este incomodo periodo del mes sin embargo es el signo de que en tu cuerpo todo funciona correctamente, y debes de aprender a vivirlo con total normalidad. No hay nada que no puedas hacer por el hecho de estar menstruando, ya que afortunadamente cada vez son más las medidas de higiene disponibles para que la regla no interrumpa tu ritmo de vida. Recuerda controlar la regularidad de los periodos, la cantidad, el aspecto; y siempre que detectes que algo no va como todos los meses atrás consúltalo con tu ginecólogo.

  • La salud mental

Aunque el mundo se empeñe en imponernos lo bonita que es la vida, todos tenemos derecho a tener un mal día o pasar un periodo difícil que nos desequilibre a nivel emocional, y no por ello somos más o menos egoístas. Hoy en día, las enfermedades mentales son una de las grandes causas de discapacidad en el mundo. Sin embargo, a pesar de que este tipo de psicopatologías es mejor tratarlas sin cambiar nuestra vida, vemos como hoy en día se pagan millonadas por internarse en un centro en el que curarse sin que nadie se entere.

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Tanto los tratamientos médicos, como la manera en que tanto nosotros como los medios hablamos del tema, hacen que la persona que padece este tipo de enfermedades se sienta observada y criticada. Si conseguimos que la salud mental deje de ser un tema tabú, podremos ayudar mucho más a las personas que sufren depresiones o trastornos psicológicos.

  • Sexualidad

Problemas sexuales, enfermedades de transmisión sexual, dudas… el tema de la sexualidad daría para mucho si no lo tuviéramos tan censurado. Probablemente todos nosotros alguna vez nos hemos visto en una situación en este ámbito que no sabíamos resolver, pero que no estábamos dispuestos a pedir ayuda o consejo por miedo a las burlas, las críticas o los reproches. Aunque cada vez más, e incluso desde adolescentes en los centros educativos, se habla más abiertamente de la sexualidad, continua siendo un tabú.

Es importantísimo concienciar a la población de que la salud sexual es tan importante como el funcionamiento de nuestros órganos vitales. Si no tenemos una correcta higiene íntima, no utilizamos protección en nuestras relaciones sexuales, no llevamos un control médico periódico y obviamos problemas que puedan surgir por vergüenza, estamos poniendo en peligro nuestra vida.

  • Problemas gastrointestinales

¿Quién no ha sufrido alguna vez  episodios de estreñimiento, colitis o reflujo ácido? Sin embargo evitamos hablar de ellos a toda costa, ya que nos parece algo desagradable. No hay nada más importante en nuestro organismo que un correcto funcionamiento de nuestro estómago, intestinos y colon, por ello no obvies nunca este tipo de trastornos con tal de evitarlos.

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Procura evitar los alimentos ofensores, como el trigo, productos lácteos, azúcar, edulcorantes y colorantes artificiales y aditivos; cambia tus hábitos alimenticios, dedicando el tiempo necesario a las 5 comidas diarias; controla el estrés, haz el ejercicio más adecuado para ti y ayúdate de suplementos nutricionales si es necesario.

  • La obesidad

¿Cuánto pesas? Quizás es una de las preguntas más temidas, y es que nuestro peso siempre es algo que nos cuesta decir, y mucho más cuando padecemos obesidad. Esta enfermedad, a priori, no pasa desapercibida, pero el principal problema que tiene es que hay mucha gente que aun siendo consciente de tenerla la obvia y evita tratarla. La obesidad puede acarrear múltiples problemas cardiovasculares, osteoarticulares, diabetes, etc.

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Si te sobran unos kilos, afróntalo y cuéntaselo a los que te rodean para que puedan ayudarte a deshacerte de ellos. Tu familia puede apoyarte moralmente, tu pareja a controlar tu alimentación, tu monitor a ponerte una tabla de ejercicios especial, tu médico a llevar una dieta equilibrada, etc.

Aunque intentemos llevar un estilo de vida saludable, llevando una alimentación equilibrada y controlada, a veces hay días que por una razón u otra nos pasamos con la ingesta de calorías. Esos días en los que te tomas un par de copas de más, aquella cena en el buffet libre que comiste hasta reventar o el aperitivo en la piscina a base de snacks y bollería, son calorías con las que no contábamos. Como es totalmente recomendable darse un capricho de vez en cuando disfrútalo, y al día ponte en marcha para quemar los excesos a base de deporte.

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  • Un menú de comida rápida compuesto por hamburguesa con queso y bacon, patatas fritas y refresco: 790 kcal. La forma más rápida de quemarlo, una hora de running a buen ritmo
  • El placer de desayunar 4 churros con chocolate: 500 kcal. Te tocará sesión de bicicleta de algo más de 40 minutos si quieres perder su aporte calórico.
  • Unos gin-tonics el fin de semana con los amigos: 300 kcal cada copa de balón. Aquí tendrás que emplearte a fondo si en vez de una han sido más. Por cada copa, te costará estar 45 minutos andando a un ritmo medio-alto.

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  • Un helado de dos bolas de chocolate y vainilla para refrescarte en verano: 280 kcal. Es el postre ineludible de estos meses, pero ya sabes que si no quieres que sus calorías cuenten tendrás que pedalear a buen ritmo durante al menos media hora.
  • Una bolsa de pipas para matar el gusanillo: 210 kcal. Lo que se traduce en media hora corriendo para que no cuenten.
  • Una pizza para cenar mientras ves el partido: 170 kcal por porción. Por cada trozo de pizza tendrás que correr 20 minutos, por lo que tú decides la cantidad de kilómetros que vas a tener que hacer.
  • Una porción de tarta del cumpleaños de tu compañero de trabajo: 350 kcal. Todos tus compañeros la han probado y tú no te quieres quedar con las ganas, pero a cambio al salir de la oficina deberás plantarte las zapatillas y salir a correr durante 45 minutos.
  • Un kebab completo con carne de pollo: 1.000 kcal. Este producto de moda de la comida turca es una auténtica bomba de calorías, por lo que si no quieres tener que estar haciéndote largos en la piscina durante 1 hora y media sin parar, será mejor que limites su consumo.
  • Un delicioso donut para merendar con tus hijos: 209 kcal. Un capricho dulce que al fin y al cabo podemos permitirnos si luego lo quemamos con 25 minutos de bicicleta estática.

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  • Unas palomitas para ir al cine: 420 kcal el paquete mediano. Después de la peli te tocará salir a correr durante casi una hora para eliminar las calorías de las palomitas de maíz.
  • Tres bombones de chocolate de la caja que te regalaron: 150 kcal. No son excesivamente calóricos si lo comparamos con los alimentos anteriores, pero sí si nos fijamos en su tamaño. Aunque te comerías toda la caja del tirón, repártelos en varios días, ya que cada tres bombones sabes que tendrás que caminar 30 minutos a una velocidad media.

 

10 claves para eliminar los líquidos que tu cuerpo no necesita

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A veces notamos en nuestro cuerpo una sensación de hinchazón que se traduce en bolsas en los ojos, pantalones que no nos entran, anillos que aprietan más de la cuenta o vientres menos planos de lo que eran antes. Nuestro cuerpo está reteniendo líquidos, y como consecuencia notamos un aumento de peso difícil de controlar. La retención de líquidos afecta principalmente a las mujeres durante los periodos de desajustes hormonales, como la menstruación, la menopausia o el embarazo. Sin embargo, también existen otros perfiles que por problemas de metabolismo, estrés o malos hábitos alimenticios pueden sufrir este tipo de trastorno.

¿Por qué retenemos ese líquido? Porque el organismo detecta falta de líquidos al no haber ingerido los suficientes o por haber consumido demasiado sodio, y como respuesta cierra sus depósitos para retener el líquido necesario para mantener el equilibrio del cuerpo.  En la mayoría de los casos, este mecanismo de defensa se produce al llevar una dieta desequilibrada y un ritmo de vida demasiado sedentario, por lo que lo más acertado para eliminar este problema es cambiar nuestros hábitos.

  1. Bebe 2 litros de agua al día. Si el cuerpo está hidratado, eliminará los líquidos retenidos. Es importante no sobrepasar los 4 litros diarios.
  2. Realiza ejercicio diariamente. Intenta mantenerte en forma con al menos 30 minutos de ejercicio al día.
  3. Reduce el consumo de sal. Evita comer alimentos como embutidos, salazones, salsas o comidas precocinadas. Sustituye la sal en tus platos por especias o hierbas aromáticas.
  4. Lleva una dieta saludable. Incrementa el consumo de frutas (sandía, melón y plátano) y verduras (alcachofas, acelgas y calabaza), incluye raciones de carne roja e hidratos de carbono bajos en sodio, como el arroz, los cereales o la patata.
  5. Evita el exceso de azúcar. La glucosa favorece la retención de líquidos, por lo que controla el consumo de golosinas, bollería o comida rápida.
  6. No uses ropa muy ajustada. Las prendas muy ceñidas impiden la buena circulación de los líquidos y las toxinas, sobre todo en la zona de las caderas y las ingles.
  7. Utiliza productos con hierbas drenantes. Ten presente en tu dieta el diente de león, la cola de caballo y el té verde, ya que te ayudarán a eliminar los líquidos que se acumulen.
  8. Intenta no dormir bocabajo. Si estamos durante demasiadas horas en esta posición dificultaremos la circulación de los líquidos.
  9. Descansa lo suficiente. Duerme las horas necesarias para renovar tu cuerpo y mente. El estrés y la falta de reposo también pueden jugar en tu contra.
  10. Ayúdate de masajes drenantes. Este tipo de técnicas profesionales ayudan a eliminar líquidos con más facilidad.

Si quieres comenzar a eliminar líquidos, recuerda que lo principal es seguir una dieta saludable, y con nuestro servicio de bienestar Avantsalud tienes los mejores dietistas a tu disposición para estudiar tu caso y ayudarte. Además, también podrás disfrutar de grandes descuentos en masajes drenantes en nuestras clínicas de estética distribuidas por todo el país.

Vitaminas, minerales, fibra y, sobre todo, mucha agua. La ensalada de frutas posee numerosas propiedades beneficiosas para el organismo, pero, además, es ideal para satisfacer las necesidades de hidratación del organismo que surgen en verano. Además, el proceso de su elaboración puede ser una excusa para pasar un agradable rato en familia durante las vacaciones.

Cocinar con niños: macedonia

En pleno verano, con el termómetro disparado, el organismo tiene unas necesidades nutricionales especiales, sobre todo en lo que se refiere a la hidratación. Estas condiciones climatológicas, en ocasiones realmente hostiles para el cuerpo humano, suponen un incremento de la demanda de líquidos. Obviamente, la fuente principal para la ingesta de éstos es el agua (recordemos entre dos litros y dos litros y medio al día, incluso aunque no se tenga sensación de sed), pero la hidratación no sólo se obtiene del llamado líquido elemento, ya que existe una vía alternativa para su consumo. Esta fuente secundaria se halla en los alimentos, que pueden aportar una porción considerable de los dos litros o dos litros y medio citados, que, dependiendo del tamaño del recipiente, pueden suponer entre seis y ocho vasos de agua por jornada.

En este sentido, la fruta es una de las referencias principales junto a las hortalizas frescas, los vegetales, las legumbres y el pescado azul. Por ello, desde aquí recomendamos todo un clásico: la macedonia. Las ventajas del consumo de frutas son muchas y conocidas, sin embargo, conviene recordarlas someramente. Las principales son las siguientes:

  • Contienen vitamina C y B, provitamina A, nutrientes de acción antioxidante y betacaroteno.
  • Son ricas en minerales, en especial el potasio, imprescindible para el sistema nervioso. Contienen también magnesio, que ayuda a mejorar el funcionamiento intestinal.
  • Tienen abundancia de fibra, especialmente en la piel o la cáscara.
  • Poseen propiedades y beneficios antioxidantes, que ayudan a retrasar el deterioro de los tejidos orgánicos y previenen la aparición del cáncer a la vez que retrasan el envejecimiento.
  • Como ya se ha indicado, y en este caso es lo que más nos interesa, tienen un elevado contenido en agua, lo que les confiere un alto valor y poder depurativo.

Teniendo en cuentas estas propiedades, pasemos a una serie de pautas sencillas para elaborar el postre más socorrido del verano, ya que la combinación de frutas es prácticamente ilimitada y dependerá del gusto de cada cual.

En primer lugar, habrá que cortar la fruta en trozos de un tamaño aproximado. Si hay fruta con pepitas o huesos, se retirarán antes de añadir la fruta al bol. Después, añadir zumo de un limón, que ayudará a que la fruta no se oxide, potenciará el sabor de la fruta y evitará la pérdida de vitaminas. Si no contamos zumo de limón, las frutas más ácidas (kiwis, piña, naranjas, etc.) deberán colocarse al final.

Para hacer una macedonia más atractiva para los niños, podemos cortar la fruta ayudándonos de cortadores de galletas, así les podremos dar forma de animales, de corazón o siluetas geométricas. La fruta también puede servirse pinchada en brochetas de madera.

Por otra parte, si se pretende una macedonia muy dulce, bastará con poner azúcar encima de la fruta cortada y dejarla macerar a temperatura ambiente. Otra opción es añadir lácteos a la macedonia: nata líquida con un chorrito de vainilla, leche de coco o yogur líquido. Asimismo, para realzar el sabor de las macedonias pueden añadirse hierbas aromáticas. Menta y albahaca, por ejemplo, son dos hierbas que complementan perfectamente el sabor frutal y le dan un toque exótico a la macedonia. También podrá agregarse helado o queso light batido si se desea una ensalada de frutas sin azúcar.

Finalmente, también hay que subrayar que, más allá de las ventajas nutritivas y de la capacidad para hidratar de la ensalada de frutas, el proceso de elaboración de la misma puede ser una buena excusa para pasar un rato con los críos, en familia, y que hagan sus pinitos, aunque elementales en el mundo de la cocina.

¡Buen provecho!

Imagen de Flickr por juantiagues

Melocotones, sandías, melones, cerezas o mangos son algunas de las variedades de la época estival que podemos incluir en los helados. Además de las ventajas nutritivas y de la capacidad para hidratar de estos alimentos, el proceso de elaboración puede ser una buena excusa para pasar un rato con los críos y que hagan sus pinitos en el mundo de la repostería saludable.

Cocinar con niños, helado casero y frutas de temporada: rico y sano

El consumo de helado puede ser un gran aliado para la hidratación de los niños y los jóvenes durante el verano. Junto a las personas mayores y otros colectivos forman los llamados grupos de riesgo y, por ello, conviene prestar especial atención a este aspecto. La ventaja del helado frente a otras posibilidades (agua, zumo, etc.) es que, además, suele resultar apetecible para el niño. No obstante, conviene tener en cuenta que no todos los helados hidratan de la misma manera. Esta capacidad variará en función de la composición del mismo: no puede compararse en términos nutritivos un helado compuesto por grasas que otro que añada fruta, igual que es diferente un helado industrial que otro hecho en casa.

Por esas razones, desde aquí recomendamos para el consumo infantil la elaboración casera de helados que contengan frutas de temporada. Rico y sano, como diría el cocinero más mediático de los últimos años.

De entre el grupo anterior, suelen distinguirse distintas variedades de helados:

  • De agua, que pueden tomar distintos formatos, tales como el hielo, el granizado o de gelatina.
  • De leche.
  • De crema.
  • De galleta.

Tomando esos elementos como base para la elaboración, pueden añadirse distintas frutas de temporada, entre otros ejemplos, melocotones, sandías, melones, cerezas o mangos, que son las variedades más típicas de la época estival. Bien sea con éstas o con otras -al gusto de consumidor-, las combinaciones son variadas y numerosas.

Finalmente, cabe destacar que, además de las ventajas nutritivas y de la capacidad para hidratar de estos alimentos, el proceso de elaboración puede ser una buena excusa para pasar un rato divertido y diferente en familia. Con una batidora y un poco de imaginación al dar forma los helados, sólo habrá que preocuparse de disfrutar.

¡Buen provecho!

Imagen de Flickr  por LWYang

Algunos expertos aseguran que, cuando se altera un alimento, resulta inevitable que pierda parte de sus valores originales. Sin embargo, otros especialistas mantienen que, si el proceso de congelación y descongelación es el adecuado, la pérdida es apenas imperceptible.

¿Pierde propiedades la comida congelada?

Que los alimentos congelados hacen ganar tiempo, aliviar esfuerzo y que suelen ser más económicos, no es un ningún secreto. Son, en síntesis, una adaptación más de las muchas que hemos desarrollado como consecuencia de la frenética vida moderna, especialmente entre los urbanitas. A pesar de su popularidad, muchos consumidores recelan de su calidad, su sabor y sus valores nutricionales.

Aunque no existe consenso sobre si los alimentos congelados pierden sus propiedades, sí hay una serie de cuestiones fundamentales a la hora de analizar este fenómeno. De entrada, muchos expertos en nutrición aseguran que, en el momento que se altera un comestible, resulta inevitable que pierda parte de sus valores originales: el mínimo se sitúa en el 10% de las vitaminas que el alimento poseía en un primer momento antes de congelarlo. Por el contrario, otros especialistas mantienen que, si el proceso de congelación y descongelación, así como el tiempo de congelación, son los correctos, la pérdida de propiedades es apenas imperceptible.

En este sentido, conviene tener en cuenta varios aspectos que pueden hacer que se conserven o no determinadas características nutricionales:

  • Si el alimento se compra ya congelado o si se congela tras haberlo adquirido fresco.
  • Si se interrumpe la cadena de frío desde el lugar de compra hasta el sitio de congelación.
  • Si el congelador posee las características idóneas para la conservación, es decir, si funciona correctamente y es adecuado para el alimento de que se trate.
  • Los productos frescos también pueden sufrir alteraciones en su traslado desde el lugar de recolección o fabricación hasta la casa o el establecimiento donde se van a consumir.
  • El actual sistema de ultracongelación garantiza un 100% del contenido nutricional, según algunos especialistas. Los alimentos son congelados lo antes posible a temperaturas que alcanzan hasta cuarenta grados bajo cero. Así, explican, se conservan las propiedades nutricionales y también las cualidades organolépticas (sabor, textura, color y olor).
  • Que el proceso de descongelación sea el adecuado también es importante. Esto implica no forzar los tiempos utilizando, por ejemplo el microondas.
  • También resulta clave no rebasar el tiempo máximo de congelación, que puede oscilar entre los seis meses y el año en función de los alimentos de que se trate.
  • Imagen de Flickr por notfrancois

El ‘zumo de cebada’ aporta nutritivos (vitamina B, por ejemplo), no engorda, es antioxidante, previene contra el riesgo cardiovascular y forma parte de la dieta mediterránea. Aunque, eso sí, todos estos beneficios se consiguen únicamente realizando un consumo moderado.

Cinco mitos sobre la cerveza

La tripa cervecera es un mito. Así lo mantienen la mayoría de los expertos médicos en nutrición y dietética. Y es que la causa que provoca la aparición de la ‘curva de la felicidad’ se sitúa, más bien, en un desequilibrio alimentario general y en la ausencia de actividad física. Ésa es la conclusión de la práctica totalidad de los estudios realizados sobre el denominado ‘zumo de cebada’.

La cerveza es una bebida fermentada, que contiene una graduación alcohólica baja (entre 4º y 5º habitualmente, aunque las hay sin alcohol y hasta las que superan los 15º), con unas características particulares en su composición que la diferencian del resto de bebidas. A fin de cuentas, se elabora a partir de ingredientes naturales: agua, cebada malteada y lúpulo. La cerveza tiene un bajo contenido calórico: entre 75 y 100 calorías de media y, en el caso de que sea sin alcohol, unas 40 calorías.

Sobre la cerveza se ha dicho y escrito mucho. Tanto, que numerosos expertos han elaborado amplios, variados y cuantiosos estudios sobre los beneficios y los perjuicios de su consumo. A continuación ofrecemos cinco mitos sobre la cerveza, que toman como supuesto un consumo moderado de la misma. De otra forma, si su ingesta es excesiva puede resultar nociva para el cuerpo humano, especialmente para el cerebro, como ocurre con cualquier bebida alcohólica.

  • La cerveza posee diversos nutrientes, tales como vitaminas del grupo B (especialmente ácido fólico), fibra y minerales (silicio, potasio, magnesio, fósforo, calcio y poco sodio).
  • El ‘zumo de cebada’ no engorda, tal y como se ha visto en el aporte calórico especificado líneas más arriba.
  • Esta bebida fermentada es antioxidante, es decir, que previene contra el envejecimiento.
  • La cerveza previene también contra el riesgo de padecer problemas cardiovasculares.
  • El consumo moderado de cerveza puede formar parte de una alimentación saludable que puede incluirse en la denominada dieta mediterránea actual. En general, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), acepta las bebidas fermentadas (cerveza, vino, cava o sidra) de forma opcional y moderada en la llamada pirámide de la alimentación saludable.

Cabe destacar que las conclusiones descritas han sido extraídas de distintos estudios llevados a cabo por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), el Centro de Información Cerveza y Salud (CICS) y la citada SENC.

Imagen de Flickr por Dunna1

La fruta es un alimento imprescindible en el verano. Además de por lo saludable y delicioso, nos aportan una buena parte de los líquidos que tanto necesitamos ahora que hace más calor. Estas son algunas de las frutas que más pueden ayudar a hidratarnos.

Las 5 frutas más hidratantes

Con el calor vuelve uno de nuestros grandes enemigos veraniegos; la deshidratación. Las recomendaciones básicas para capear bien las altas temperaturas y no tener estos problemas de falta de hidratación pasan siempre por el consumo relativamente constante de líquidos (preferentemente agua). Pero en esta lucha contra el calor también resultan muy buenos aliados las frutas.

Existen un buen número de frutas con alta capacidad hidratante con lo cual además de disfrutar del placer de comer estos alimentos, vamos a contribuir a una mejor hidratación general de nuestro cuerpo así como a un mayor aporte vitamínico. Éstas son cinco de las frutas más hidratantes que podemos consumir:

  • La sandía posee más del 90% de agua, a lo que suma una muy baja presencia de hidratos de carbono con origen en la fructosa, lo cual es un aporte calórico realmente bajo en un producto muy refrescante e hidratante.
  • La piña se compone principalmente de agua, que representa el 85% de su peso total. Es otra fruta altamente hidratante, que además puede consumirse como tal o en platos como ensaladas.
  • El melón posee un 92% de agua. Gracias a su sabroso sabor se convierte en una gran alternativa a postres dulces mucho menos saludables y, desde luego, menos hidratantes y refrescantes.
  • Las fresas presentan nada menos que el 91% de agua. Es una fruta que, además de poseer cualidades hidratantes, tiene bajo contenido en sodio y alto contenido en potasio y calcio, así como L-arginina, por lo que también se le atribuyen cualidades diuréticas
  • Las naranjas, con un contenido aproximado del 88% de agua, nos ofrecen también un aporte vitamínico alto, además de ser una fruta muy sabrosa.

En definitiva, debemos tener en cuenta que aproximadamente entre el 80% y el 90% de la composición de las frutas es agua. La unión del porcentaje elevado de agua y los propios aromas de los alimentos hacen que sean refrescantes y una buena herramienta para combatir el valor del verano.

A la hora de poner la fruta en nuestra mesa el verano es un buen momento. Si no existe ninguna contraindicación para ello, podemos incorporar a nuestra dieta un buen número de piezas diarias: entre tres y cinco piezas son una buena opción si luego no olvidamos también incorporar verduras en nuestros hábitos alimentarios.

Imagen de Flickr  por daisti-diseños

Existe un buen número de alimentos capaces de aportarnos las calorías necesarias para afrontar nuestro día a día. Dentro de éstos, hay  algunos que resultan más apetecibles que otros, sabor, textura, aroma y gusto entran en juego y todo vale. Opiniones hay de todos los colores, esta es la nuestra y nuestra selección.

5 alimentos que nos aportan energía y alegría

  • El chocolate no podía faltar en la lista. Además del aporte estimulante que este delicioso alimento proporciona, contiene sustancias como la tiramina o la feniletilamina que pueden ayudar a elevar los niveles de energía. Existen diversos estudios que relacionan un consumo controlado de chocolate con una mayor vitalidad. En cualquier caso resulta más recomendable el chocolate puro o amargo que otro con demasiados azúcares añadidos.
  • La miel es otro gran invitado en esta lista. Simplemente con media cucharada dos veces al día nos ayudará a retrasar el envejecimiento, ya que contiene que minerales, antioxidantes y vitaminas beneficiosos para ello. Todo ello sin olvidar su aporte calórico.
  • Los carbohidratos son una fuente básica de energía y dentro de ellos podemos elegir una amplia variedad. Resultarán más recomendables aquellos que ofrezcan un aporte añadido de vitaminas, fibra y minerales. Por ejemplo, se pueden incluir en esta lista el trigo, la cebada y frutas como los plátanos y manzanas, las ciruelas…
  • Las que se conocen como grasas buenas ayudan al rendimiento del aporte energético en nuestro cuerpo, por ello resulta recomendable incluirlas en nuestra dieta. Especialmente beneficiosos resultan productos como el aceite de oliva, las nueces, almendras… Por el contrario, habrá que rehuir las grasas provenientes de, por ejemplo, mantequilla, manteca etcétera.
  • Las carnes (magras) y el pescado son otra gran fuente de aporte energético. Su contenido proteico y de aminoácidos también ayuda a cuidar el cuerpo y mantenernos más activos. Debemos tener en cuenta que en aquellas dietas donde no se reciben aporte de carbohidratos o grasas, son las proteínas las que constituyen la base del aporte energético.

Esta es nuestra selección, pero no quiere decir que no haya más alimentos buenos y que harán que nos sintamos mejor. Por ejemplo, las carnes rojas, consumidas con moderación, favorecen la ingesta de hierro, lo que deriva en una mejor oxigenación que repercute  positivamente en la energía corporal.

En cualquier caso, siempre es bueno incluir en nuestra dieta alimentos y platos que no sólo cubran nuestras necesidades energéticas, sino que además aporten ese puntito de ‘sal’ a la vida para hacernos sentir más felices. ¿Cuáles son los vuestros?

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No descubrimos nada nuevo si decimos que la práctica de ejercicio, acorde a las condiciones físicas de cada persona, es una de las actividades más saludables que el ser humano puede realizar. Aun teniendo clara esta premisa, lo cierto es que en general existe un déficit importante personas que efectivamente practiquen deporte de forma habitual.

Por qué debo hacer ejercicio

El ejercicio físico es una parte fundamental de una vida saludable. No sólo previene los problemas de salud, sino que ayuda de manera determinante en cuestiones como el aumento de la energía, la reducción del estrés y el desarrollo de mayores niveles de resistencia. Además, también es clave para combatir un problema creciente y tan serio como la obesidad.

¿Cómo me beneficia el ejercicio?

Existen un gran número de apartados en los que podemos comprobar de manera clara los beneficios de practicar ejercicio, éstos serían algunos de los más destacados:

  • Ayuda a la reducción de riesgos en enfermedades como la obesidad, la diabetes, los trastornos coronarios, la hipertensión, la osteoporosis… Dicho de otra forma, si tu cuerpo se ejercita está más fuerte y es menos factible enfermar.
  • Es básico para el mantenimiento corporal en cuestiones como la flexibilidad articular, la de los tendones y ligamentos. Todo esto contribuye a mejorar la movilidad y agilidad.
  • Ayuda a la reducción de síntomas de envejecimiento, fundamentalmente en aspectos como dolores musculares y óseos. También contribuye a mantener la cabeza ‘más joven’.
  • Contribución importantísima a cuestiones como el alivio de la ansiedad y el estrés, la mejora del sueño, y en general el bienestar mental.

¿Cómo practicar ejercicio?

Debemos partir de la base de que prácticamente todas las personas podemos hacer deporte siempre que éste resulte acorde a nuestra condición física.

Resulta interesante incorporar la actividad física las rutinas diarias al margen de la práctica deportiva específica. Cuestiones como caminar, subir y bajar escaleras, etc., contribuyen sin duda a complementar lo que debiera ser un hábito saludable y  convertirlo en una constante en nuestras vidas.

Si nunca hemos hecho ejercicio anteriormente o si padecemos algún tipo de afección, es conveniente consultar al médico cuál es aquel que mejor se adaptará a nuestras condiciones y durante cuánto tiempo practicarlo.

En general, se da por bueno ejercitarse al menos durante cinco días a la semana en períodos de no menos de 30 minutos. Obviamente, el tiempo depende del tipo de ejercicio, pero simplemente caminar 30 minutos diarios cinco días a la semana es un comienzo más que aceptable para incorporar la actividad física a nuestras vidas.

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