A estas alturas del año podemos dar por inaugurada la época de otoño-virus escolares. Por un lado todo es alegría: vuelta al cole, reencuentro con compañeros y profes… Pero raro es el año que no ocurre: tos, mocos, gripe y un largo etcétera de síntomas y virus llegan a nuestras casas para instalarse. En primer lugar, por los cambios tan bruscos de temperatura que solemos sufrir en esta época del año y, en segundo lugar, por el nuevo curso.

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El principal motivo de los virus escolares es la falta de contacto. Cuanto más pequeños sean los niños, más se agudiza este problema. Y es que los peques pasan de un entorno protegido como es el hogar, a un entorno con agentes no conocidos y donde los juguetes pasan de unas manos a otras, los lápices están mordidos, y los niños se llevan las manos a la boca después de jugar con sus amiguitos. Además, en las primeras etapas de la vida las defensas aún no están del todo desarrolladas y los escasos contactos con posibles portadores de las enfermedades provocan que, cuando se exponen a ellas, acaben contagiándose hasta que su cuerpo acaba por reconocer los virus.

Como muchos sabréis, los virus normalmente se contagian a través de la tos o los estornudos y pueden permanecer entre seis y ocho horas en cualquier objeto: juguete, lápiz, pelota, picaporte, cuadernos, etc. ¿Los más comunes? Desde el simple resfriado con mocos a la bronquiolitis, gastroenteritis, bronquiolitis, conjuntivitis o la tan temida varicela.

Para prevenir que los virus entren por la puerta grande de nuestra casa, las dos cosas fundamentales de las que debemos estar pendientes con respecto a los más pequeños son:

  1. Una correcta higiene y un adecuado lavado de manos siguiendo estos pasos: humedecer las manos con abundante agua, aplicar jabón, refregar las manos de 20 a 30 segundos, aclarar con agua y secar las manos.
  2. Aumentar de manera especial la ingesta de frutas y verduras, ya que aportan vitaminas y minerales que van a ayudar a que se desarrollen y funcionen bien las defensas.
  3. Cuidar los cambios bruscos de temperatura.
  4. Tener al día la vacunación.
  5. Activar las medidas de prevención ante los episodios de tos y estornudos.

Pero… ¡que no cunda el pánico! Hay que verle el lado positivo: la época de otoño-virus es la más adecuada para inculcar hábitos saludables a nuestros pequeños. Enseñarles a lavarse las manos, que empiecen a acostumbrarse a tomar fruta, y un largo etcétera de medidas preventivas antes de que los “bichos malos” vengan a instalarse en nuestro sofá ¡Ánimo!

 

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