Estamos a punto de finalizar el periodo vacacional y los más pequeños tienen que prepararse para volver al colegio o al jardín de infancia. En estos casos siempre es esperable la aparición de ciertos problemas habituales de adaptación al ritmo lectivo. Entre estos problemas se pueden presentar el síndrome de la normalidad infantil que proviene del cambio drástico de una etapa en la que los niños y niñas tenían completa libertad para hacer lo que deseasen.
La superación de volver a una rutina, como es la escolar, suele cursar en los más pequeños con cierta ansiedad, depresión y cansancio. Una de las mejores maneras de acelerar el proceso de readaptación a las rutinas escolares pasa por hacer actividades extraescolares con moderación. De este modo los más pequeños asimilarán antes el hecho de que empiezan los horarios y los aprendizajes.
Alrededor del 90% de los niños realizan actividades extraescolares que les proporcionan los propios centros educativos donde acuden. Lo que hay que tener en cuenta en esta etapa es que siempre deben de prevalecer las necesidades de los niños sobre las necesidades de nosotros los adultos. Son muchos los especialistas que cuestionan tanta actividad extraescolar como un medio que tienen los padres de evadir sus funciones de padres.
Las actividades extraescolares tienen que estar siempre diseñadas en función de los niños, no de los adultos. Ante una actividad extraescolar, que hará que el niño este unas horas más fuera del núcleo de la familia lo básico que se puede pedir a la misma es que sea del agrado del niño que tendrá que ejercerla.
