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La natación es uno de los ejercicios más recomendables para las embarazadas. Aprovechar el verano tanto para nadar como para hacer ejercicios en el agua es una muy buena idea para las mujeres en estado. Estas son algunos ejemplos de rutinas que practicar.

5 ejercicios para embarazadas para hacer en el mar o la piscina

Las actividades acuáticas son unas de las más recomendadas durante el embarazo. El verano es un buen momento para disfrutar de la playa y de la piscina y a la vez practicar algunos ejercicios que van a ser muy beneficiosos para la salud y el bienestar en el desarrollo del embarazo.

Nadar es probablemente el mejor y más completo ejercicio que se puede realizar durante el embarazo. Además, según avanza la gestación la mayor movilidad que se puede obtener dentro del agua permite trabajar actividades y ejercicios que fuera de ella resultarían más costosos o imposibles. A la hora de nadar hay que elegir el estilo que más cómodo te resulte en cada momento y evitar los movimientos demasiado bruscos.

Estos son cinco ejercicios que podrás practicar en el agua durante el embarazo:

  1. Además de por la actividad física, los baños en el mar o la piscina nos proporcionan también una sensación de relax y bienestar muy buena para las embarazadas. En este sentido un ejercicio muy sencillo y efectivo consiste simplemente en dejarse flotar boca arriba con los brazos extendidos en la llamada “posición de muerto”. Mantener esta postura durante unos minutos mientras te concentras en tu respiración es un buen ejercicio relajante.
  2. El agua es también un buen lugar para trabajar la flexibilidad en la pelvis. Un ejercicio muy simple consiste en, con el agua ligeramente por encima de la barriga, situarse de pie con la espalda recta, levantar una pierna y desplazarla hacia el lateral con lentitud, bajar despacio y repetir con la otra pierna.
  3. El agua también puede servir de ayuda para los problemas de espalda, que es uno de los puntos que antes se carga en el embarazo. Un ejercicio sencillo consiste en subir y bajar verticalmente (mientras mantenemos la espalda recta) hasta que el agua nos llegue a la barbilla cuando bajamos. Si lo practicamos en la piscina podremos añadir una variante:- apoyar las rodillas en la pared con las piernas flexionadas mientras nos sujetamos al borde, bajando el cuerpo hasta incluso sumergir la cabeza.
  4.  Un ejercicio clásico, pero muy eficaz que ayuda a la circulación en las piernas es el de los saltos de canguro. Simplemente consiste en, con el agua por encima del pecho y los pies juntos y los brazos extendidos a lo largo del cuerpo flexionar las rodillas e ir desplazándose de esta manera a base de saltos. No deben ser tampoco saltos espectaculares. Por dar una medida, la barriga no debe llegar a salir del agua.
  5. Un ejercicio un poquito más complejo pero muy interesante es el siguiente; cruzar las piernas tocando fondo, y, sin moverte del sitio tratar de ponerte de puntillas mientras contraes el suelo pélvico y expulsas el aire. Cuando bajas de la posición de puntillas relajas y vuelves a coger aire. Combina las subidas y bajadas de puntillas con talones.

Imagen de Flickr por estrelas e limóns

A partir de cierta edad la playa es un lugar estupendo para que los niños disfruten. Un día playero con nuestros bebés puede ser una buena idea, pero hay que tener en cuenta algunas recomendaciones muy importantes.

Consejos para ir a la playa con un bebé y no morir en el intento

La playa es uno de los lugares más apetecibles para ir con nuestros hijos en verano. Sin embargo, no hay que olvidar que cuanto más pequeños, mayores serán las medidas de seguridad que habremos de tomar. En el caso de los bebés esto ya adquiere forma de una serie de consejos a cumplir rigurosamente.

En primer lugar, no suele resultar recomendable llevar a la playa a bebés de menos de ocho meses. Para lo más pequeños pasamos ya de recomendación a prohibición, ya que los recién nacidos no deben exponerse a los rayos del sol en la playa en ninguno de los casos.

Teniendo esto en cuenta, hay una serie de precauciones que son comunes a todos  niños pequeños, independientemente de la edad.

A la hora de aplicar la crema de protección solar, es conveniente hacer una pequeña prueba de tolerancia por si pudiera generar algún tipo de alergia cuando es la primera vez que se utiliza. Superado ese ‘escollo’, es importante aplicar la loción por lo menos media hora antes de la exposición al sol, y no tener ningún miedo a volver a ponerle crema siempre que lo consideremos necesario como, por ejemplo, al poco salir del agua.

En el caso de los bebés, la crema debe ser superior a factor 30 y tiene que aplicarse a conciencia, bien extendida por todo el cuerpo sin olvidar pies, manos, orejas… Y por supuesto, los pliegues de la piel, que son los que más posibilidades tienen de quemarse. En caso de ir a la playa es importante no hacerlo en los horarios de más calor. Estos son los que van desde las doce del mediodía hasta las cuatro de la tarde. Por otro lado, los primeros días no es recomendable tampoco que los bebés estén en la playa largos periodos. Es mejor dosificar poco a poco su presencia.

A la hora de los baños, éstos deben ser cortos y frecuentes y siempre tras haber tomado contacto previo con el agua de manera progresiva para evitar los choques de temperatura.  En los bebés es bastante recomendable el uso de bañadores desechables tanto por una cuestión de higiene general como de protección de la piel de la zona del pañal. Tras cada pequeño baño se debe realizar una ducha templada así como una limpieza de la zona del pañal para que ésta quede seca y limpia, utilizando también crema protectora.

La hidratación es básica para todos y también para el bebé. Debes ofrecerle regularmente líquidos y evitar tanto comidas demasiado abundantes y, por supuesto, baños en un periodo de entre dos y tres horas después de la comida.

A pesar de que es una recomendación un tanto redundante por la propia edad de los bebés, éstos no deben quedar nunca sin supervisión de un adulto y, por supuesto, nunca bajo una exposición solar directa en la que no vayan protegidos además de con la crema con gorritos, camisetas o bajo el amparo de una sombrilla.

Imagen de Flickr por Dani_vr

El Gilenya, un compuesto utilizado para tratar la esclerosis múltiple, reduce la ansiedad y el miedo producidos por evocaciones negativas del pasado. Así lo demuestra un experimento realizado en ratones, que podría ayudar a olvidar a personas que sufren un síndrome de estrés traumático.

Descubren un medicamento que podría borrar los malos recuerdos

El gran Alfred Hitchcok se habría deleitado con sólo leer el título de este artículo. La idea de eliminar de nuestra mente los recuerdos dolorosos o desagradables parece tan de ciencia ficción, que podría directamente tratarse de Un mundo feliz, la novela más popular del escritor Aldous Huxley, y sería, casi con seguridad, capaz de inspirar al maestro del cine de suspense.

Pues así es, una vez más la realidad ha superado a la ficción. Al menos, de esa manera lo entienden varios científicos estadounidenses de la Universidad de Virginia Commonwealth, que, en un artículo publicado en la prestigiosa revista Nature, han desvelado la existencia de una medicina capaz de eliminar los malos recuerdos. El nombre de tan sorprendente invento es el llamado compuesto FTY720 (aunque sea más conocido como Fingolimod). Este medicamento es utilizado habitualmente para tratar la esclerosis múltiple (se comercializa bajo el nombre de Gilenya) y ahora podría ayudar a pulverizar evocaciones negativas del pasado, sobre todo, entre las personas que han sufrido un shock o un hecho traumático.

El fenómeno en el que se apoyan estos especialistas se denomina ‘extinción del miedo’. En virtud de éste, individuos que padezcan un síndrome de estrés traumático podrían simplemente elegir la posibilidad de ‘olvidar’ el recuerdo doloroso que provoca ese trauma. Lo curioso, según los resultados de los experimentos llevados a cado por los científicos de Virginia Commonwealth, es que, después de la eliminación, estas personas podrían volver a tener conocimiento de aquellos recuerdos nefastos, pero sin sufrir el dolor que se relacionaba con ellos.

El experimento que ha permitido el descubrimiento de esta nueva aplicación para el Gilenya ha sido efectuado en ratones. Gracias a estas pruebas, los científicos descubrieron que, en aquellos animales que tomaban el medicamento, se reducía el miedo después de recibir una descarga eléctrica. En el estudio, se administraban descargas a los animales, que, aterrorizados, quedaban paralizados, debido a la ansiedad que sufrían. Después de tomar la medicación, este comportamiento de ansiedad y miedo se rebajaba.

Imagen de Flickr por jonycunha

A todo el mundo le gusta disfrutar del sol, pero hacerlo tiene sus riesgos: las quemaduras. Dentro de los diversos remedios para combatirlas y mitigarlas existe toda una tradición de soluciones caseras más o menos conocidas y efectivas.

Consejos caseros para calmar las quemaduras solares

Existe toda una ciencia popular alrededor del tratamiento para las quemaduras solares. Cada persona recordamos con toda seguridad al menos uno o dos de estos remedios, algunos bienes fundamentados y otros, como poco, un tanto peregrinos.

Sin embargo, ahí están y forman una buena colección de recetas caseras que van sobreviviendo en el tiempo pese a todos los avances médicos y técnicos.

Éstos son unos cuantos de esas fórmulas caseras para calmar las quemaduras solares:

  1. La leche y los lácteos son dos de los productos más utilizados en distintos remedios. Uno de ellos consiste en empapar una gasa en leche fría y aplicada sobre la quemadura unos 20 minutos, tras esperar entre 3 y 4 horas se vuelve a repetir la operación.
  2. Los aceites también tienen presencia dentro de estas recetas. Una bastante común es crear aceite a partir de la mezcla de las flores secas de manzanilla y el aceite de oliva virgen. Tras calentar al baño maría la mezcla y colarla, se deja reposar y enfriar para aplicar tres veces al día sobre la zona quemada.
  3. El uso de vinagre es otro de los clásicos. En una de sus recetas más tradicionales se recomienda la aplicación de vinagre blanco sobre la zona quemada cada hora con un máximo de cinco veces diarias para ayudar a aliviar el dolor. Otra opción añadida es incorporar una taza de vinagre a una bañera de agua fría y sumergirse en la mezcla.
  4. Existen bastantes opciones que contemplan usar infusiones para el alivio del dolor de la quemadura y el inicio de la regeneración de la piel. Aplicar una infusión muy fría de Salvia es una de ellas.
  5. También resulta muy frecuente la mezcla de ingredientes diversos para preparar emplastos o cataplasmas. Por ejemplo, es bastante común como remedio casero mezclar una clara de huevo con aceite de oliva, batir la mezcla y aplicar el preparado sobre la quemadura en períodos de dos o tres horas.
  6. El Aloe Vera es otro clásico por sus propiedades hidratantes y regenerativas. Uno de los métodos más sencillos de aplicación es extraer el jugo de una de las pencas de la planta y aplicar directamente sobre la quemadura dos o tres veces al día. El poder cicatrizante de este remedio se une al alivio del dolor.
  7. Por supuesto los productos de la tierra como ya hemos visto tienen preponderancia en los remedios caseros. En determinadas zonas geográficas es muy común mezclar agua con almidón de maíz hasta generar una cataplasma que se aplica sobre la quemadura para después retirar suavemente, hidratar y volver a colocar.
  8. Tomar un baño con agua fría al que se le ha agregado una porción de bicarbonato sódico (como dos cucharadas por bañera normal) ayuda, según aseguran sus defensores, no sólo a aliviar las molestias, sino también a facilitar la recuperación de la quemadura a través de la rehidratación. Por cierto, en este baño, tras su toma, no hay que secarse con la toalla sino dejar que nuestra piel se seque sola.

Podríamos seguir horas describiendo diferentes métodos caseros para aliviar las quemaduras solares. Sin embargo, este pequeño listado da una buena muestra de hacia dónde suelen caminar en su preparación y composición estas soluciones de andar por casa.

Imagen de Flickr por [GMR] Guillermo Moratalla

No todos los días de verano  tienen por qué ser soleados. La lluvia puede ser bienvenida, pero para que así sea es recomendable tener en mente planes y actividades para pasar el rato y disfrutar de otra forma, sobre todo en familia. Os damos algunas ideas para estos juegos.

Es verano pero llueve, ¿qué hacemos? 5 ideas de juegos de interior

Estamos de vacaciones, hemos preparado un día excelente con nuestros hijos para disfrutar del veraneo. Sin embargo, la lluvia hace acto de presencia y nos chafa el plan. Ningún problema. Las vacaciones son para disfrutar juntos y aún dentro de casa hay muchos juegos y actividades que podemos hacer.

Estas son algunas ideas, pero por supuesto hay cientos de actividades para jugar en familia.

  1. Jugando con palabras. Como suele ocurrir con los juegos populares, en cada región tiene un nombre distinto pero el desarrollo y resultado es similar.  Se trata de una actividad que suele acabar con los niños a carcajada limpia. No nos hará falta ningún tipo de material, simplemente formaremos todos los participantes un círculo y trataremos de mantener una conversación en la cual vamos a prohibir el uso de una consonante sustituyéndola por otra. Es simple, pero los resultados suelen ser desternillantes. La elección de qué consonante se retira y por cuál se sustituye va por turnos.
  2. Jugando con historias. Esta actividad requiere un poquito más de esfuerzo, fundamentalmente por nuestra parte. Se trata de crear algún tipo de títere sencillo e iniciar una historia a la que pediremos continuación por parte de los niños hasta que creemos una suerte de representación teatral en la que iremos alternando los papeles en función de las partes del guión que cada uno haya aportado. Las variantes son muchas y el resultado, aunque habitualmente caótico, suele ser muy divertido.
  3. Juegos clásicos. Existen juegos atemporales a los que generaciones y generaciones hemos jugado. Son juegos generalmente muy divertidos y sencillos de poner en práctica. El juego de la sillita es uno de ellos. Simplemente se trata de poner tantas sillas menos una como participantes en el juego. Al son de una canción que canta un participante o de una música, todos danzarán girando alrededor de las sillas hasta que la música cese. Entonces todos deben ocupar una silla. El que se queda sin silla sale del juego y deberá cantar en la siguiente ronda, donde además retiraremos otra silla más. Seguiremos así hasta que sólo queden dos participantes y una silla, que es la última ronda en la que se decide el ganador.
  4. Un juego de aventuras. Son una alternativa que suele funcionar muy bien, aunque requieren un poco de elaboración. Un juego que habitualmente resulta divertido es la búsqueda de un tesoro (si hay premio mejor). En este caso se necesita un director de juego. Este, preferentemente un adulto, inventará una historia que justificará la presencia de un tesoro y repartirá por la casa diversas pistas. Para las pistas funcionan muy bien los acertijos o los jeroglíficos. Se puede jugar por equipos y suele resulta muy divertido.
  5. Los juegos de mesa. Afortunadamente en los últimos años y aunque parecía que iban a acabar enterrados por el auge de los videojuegos, los juegos de mesa han vuelto a ganar nuevos seguidores que ven en ellos lo que realmente son; una manera muy divertida de disfrutar en este caso con tu familia.

Y a ti ¿cuál de estas variantes te gusta más?

Imagen de Flickr por Mon Labiaga Ferrer

Un buen día completo de playa debe acompañarse de una comida saludable. Preparar un menú adecuado no sólo ayudará a nuestra salud, también es un placer añadido y ¿por qué no? mucho más sencillo de preparar que otras opciones.

Ideas para comer sano en la playa

Si hubiéramos preguntado hace 20 o 30 veranos por la asociación entre las palabras playa y comida es muy probable que de ahí hubiera surgido un menú medio compuesto de tortilla de patata, carne empanada, pimientos verdes y  melón de postre. Aunque muchas familias siguen alimentándose de esta forma en sus días playeros, no parece que éste sea el ideal comida sana que hoy por hoy se maneja.

Comer cerca del mar en un día de playa es un placer a disfrutar. Si además podemos no renunciar a los hábitos alimentarios sanos y tomar alimentos frescos y saludables, mejor que mejor. Vamos a tratar de dar algunas ideas al respecto.

Lo primero es huir de preparaciones complejas, tratando de confeccionar menús sencillos de preparar, frescos y ligeros como corresponde a un buen día de playa. En este sentido, los sándwiches son una buena idea. Resultan muy sencillos de preparar, ocupan poco espacio para transportarlos, y son ideales como tentempié. Unir, por ejemplo, vegetales con pavo o pechuga de pollo o atún da siempre muy buenos resultados, es sabroso y saludable al mismo tiempo.

En lugar de entrantes difíciles de preparar y de transportar, las sopas frías son también una buena idea. Gazpacho o salmorejo, se pueden llevar en un termo normal, son deliciosos y nos dan un aporte de vitaminas y minerales excelente.

Las ensaladas son otra gran alternativa. El mayor reto es quizás encontrar el recipiente adecuado (con cierre) para su transporte. Se trata de un plato que debería formar parte de nuestra dieta habitual y que permite incorporar otros alimentos como la pasta o determinadas carnes magras en fiambre para darle más consistencia.

Por supuesto, no nos olvidamos de la fruta. Además de por sus valores vitamínicos y nutricionales, las frutas en verano son muy importantes porque contribuyen de manera muy especial a nuestra hidratación. Frutas en las que la presencia del agua es muy relevante, como por ejemplo la sandía, el melón o la piña, debieran estar presentes en este menú playero saludable.

Ahora sólo habría ya que incorporar al listado una buena nevera donde transportar los alimentos sin que pierdan su frescor y poco más.

Imagen de Flickr por JuanJaén

Algunos expertos aseguran que, cuando se altera un alimento, resulta inevitable que pierda parte de sus valores originales. Sin embargo, otros especialistas mantienen que, si el proceso de congelación y descongelación es el adecuado, la pérdida es apenas imperceptible.

¿Pierde propiedades la comida congelada?

Que los alimentos congelados hacen ganar tiempo, aliviar esfuerzo y que suelen ser más económicos, no es un ningún secreto. Son, en síntesis, una adaptación más de las muchas que hemos desarrollado como consecuencia de la frenética vida moderna, especialmente entre los urbanitas. A pesar de su popularidad, muchos consumidores recelan de su calidad, su sabor y sus valores nutricionales.

Aunque no existe consenso sobre si los alimentos congelados pierden sus propiedades, sí hay una serie de cuestiones fundamentales a la hora de analizar este fenómeno. De entrada, muchos expertos en nutrición aseguran que, en el momento que se altera un comestible, resulta inevitable que pierda parte de sus valores originales: el mínimo se sitúa en el 10% de las vitaminas que el alimento poseía en un primer momento antes de congelarlo. Por el contrario, otros especialistas mantienen que, si el proceso de congelación y descongelación, así como el tiempo de congelación, son los correctos, la pérdida de propiedades es apenas imperceptible.

En este sentido, conviene tener en cuenta varios aspectos que pueden hacer que se conserven o no determinadas características nutricionales:

  • Si el alimento se compra ya congelado o si se congela tras haberlo adquirido fresco.
  • Si se interrumpe la cadena de frío desde el lugar de compra hasta el sitio de congelación.
  • Si el congelador posee las características idóneas para la conservación, es decir, si funciona correctamente y es adecuado para el alimento de que se trate.
  • Los productos frescos también pueden sufrir alteraciones en su traslado desde el lugar de recolección o fabricación hasta la casa o el establecimiento donde se van a consumir.
  • El actual sistema de ultracongelación garantiza un 100% del contenido nutricional, según algunos especialistas. Los alimentos son congelados lo antes posible a temperaturas que alcanzan hasta cuarenta grados bajo cero. Así, explican, se conservan las propiedades nutricionales y también las cualidades organolépticas (sabor, textura, color y olor).
  • Que el proceso de descongelación sea el adecuado también es importante. Esto implica no forzar los tiempos utilizando, por ejemplo el microondas.
  • También resulta clave no rebasar el tiempo máximo de congelación, que puede oscilar entre los seis meses y el año en función de los alimentos de que se trate.
  • Imagen de Flickr por notfrancois

El ‘zumo de cebada’ aporta nutritivos (vitamina B, por ejemplo), no engorda, es antioxidante, previene contra el riesgo cardiovascular y forma parte de la dieta mediterránea. Aunque, eso sí, todos estos beneficios se consiguen únicamente realizando un consumo moderado.

Cinco mitos sobre la cerveza

La tripa cervecera es un mito. Así lo mantienen la mayoría de los expertos médicos en nutrición y dietética. Y es que la causa que provoca la aparición de la ‘curva de la felicidad’ se sitúa, más bien, en un desequilibrio alimentario general y en la ausencia de actividad física. Ésa es la conclusión de la práctica totalidad de los estudios realizados sobre el denominado ‘zumo de cebada’.

La cerveza es una bebida fermentada, que contiene una graduación alcohólica baja (entre 4º y 5º habitualmente, aunque las hay sin alcohol y hasta las que superan los 15º), con unas características particulares en su composición que la diferencian del resto de bebidas. A fin de cuentas, se elabora a partir de ingredientes naturales: agua, cebada malteada y lúpulo. La cerveza tiene un bajo contenido calórico: entre 75 y 100 calorías de media y, en el caso de que sea sin alcohol, unas 40 calorías.

Sobre la cerveza se ha dicho y escrito mucho. Tanto, que numerosos expertos han elaborado amplios, variados y cuantiosos estudios sobre los beneficios y los perjuicios de su consumo. A continuación ofrecemos cinco mitos sobre la cerveza, que toman como supuesto un consumo moderado de la misma. De otra forma, si su ingesta es excesiva puede resultar nociva para el cuerpo humano, especialmente para el cerebro, como ocurre con cualquier bebida alcohólica.

  • La cerveza posee diversos nutrientes, tales como vitaminas del grupo B (especialmente ácido fólico), fibra y minerales (silicio, potasio, magnesio, fósforo, calcio y poco sodio).
  • El ‘zumo de cebada’ no engorda, tal y como se ha visto en el aporte calórico especificado líneas más arriba.
  • Esta bebida fermentada es antioxidante, es decir, que previene contra el envejecimiento.
  • La cerveza previene también contra el riesgo de padecer problemas cardiovasculares.
  • El consumo moderado de cerveza puede formar parte de una alimentación saludable que puede incluirse en la denominada dieta mediterránea actual. En general, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), acepta las bebidas fermentadas (cerveza, vino, cava o sidra) de forma opcional y moderada en la llamada pirámide de la alimentación saludable.

Cabe destacar que las conclusiones descritas han sido extraídas de distintos estudios llevados a cabo por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), el Centro de Información Cerveza y Salud (CICS) y la citada SENC.

Imagen de Flickr por Dunna1

Descanso, no excederse con el alcohol, hacer un poco de ejercicio en los momentos menos calurosos del día, saber desconectar del trabajo y el estrés, así como cuidar la alimentación, en especial, la hidratación del organismo, entre las claves. Aunque todas ellas se pueden aglutinar en una sola: moderación.

Cinco consejos para vivir un verano saludable

El verano representa para muchas personas una época de distensión, en la que las costumbres y la rutina se relajan. En muchos sentidos, obviamente, es como debe ser. Es el momento de tomar unas merecidas vacaciones, salir del día a día y permitirse algunas excepciones. Sin embargo, también son unos meses del año en los que, de dejarse llevar por los excesos, a los que se tiende con el buen tiempo, la vuelta a la normalidad puede ser aún más dura.

Partiendo de la base de que cada persona es un mundo y, por tanto, tendrá unas necesidades específicas, existe una serie de recomendaciones generales que puede resultar útil para la mayoría. Y si hay una referencia constante que debe estar presente en estos consejos para volver todavía más sano tras las vacaciones esta es la moderación. Los abusos, tanto por defecto como por exceso, suelen ser perjudiciales para el organismo.

La primera cuestión clave para llevar una vida saludable es ofrecer un descanso adecuado a nuestro cuerpo, tanto en calidad como en cantidad. En ocasiones no se da la importancia suficiente a las horas de sueño, y a la efectividad de las mismas, pero es una de las premisas para un estado de salud y una actividad física, mental, emocional y laboral que puedan considerarse normales. Más, si cabe, cuando se supone que el verano es el momento para ‘recargar las pilas’ con vistas al resto del año. En función de la edad, el tiempo de sueño varía, ya que el recién nacido duerme unas dieciocho horas; un adulto joven alcanza una media de siete u ocho horas; y una persona madura, alrededor de seis horas y media. Según los médicos especialistas en esta área, aunque se esté de vacaciones, es muy recomendable despertarse y acostarse todos los días a la misma hora. También lo es limitar el tiempo diario en cama al tiempo necesario de sueño (siete horas de media o en un rango de entre cinco y ocho).

Eso sí, ojo con quedarse dormido expuesto al sol. Ello puede garantizar varias noches de insomnio. Aunque no guarde una relación directa con el descanso, es preciso recordar que las cremas de protección solar contienen sustancias que actúan como filtros solares, reduciendo la cantidad de rayos que penetran en la piel y evitando las quemaduras y los cambios degenerativos de la piel.

Tan importante como el punto anterior es seguir una dieta equilibrada, variada y nutritiva. En verano el punto crucial es la hidratación. Agua, zumo, helado y alimentos que contengan una gran proporción hídrica: hortalizas (lechuga y acelga, sobre todo), frutas (especialmente sandía y melón), yogur, pescado blanco y huevos. En general, lo ideal es consumir alimentos bajos en colesterol, sodio y grasas, puesto que así se rebaja el riesgo de contraer enfermedades cardíacas o diabetes, entre otras. Un régimen que contenga estos ingredientes ayuda a mantener el peso, evitando todas las consecuencias negativas del exceso de kilos que podemos pagar a la vuelta de las vacaciones. A la lista anterior pueden agregarse verduras, legumbres, carnes magras o pollo.

Relacionado con el ámbito precedente están ciertos consumos que se deben evitar o reducir al máximo y que son frecuentes en verano. En primer lugar, el alcohol, que introduce calorías vacías, disminuye las ganas de comer e incrementa las carencias de vitaminas B1, B2, B3, B6 y de ácido fólico. En segundo, el azúcar, que no aporta ni vitaminas ni minerales, eleva el nivel de glucosa y de insulina, irrita la mucosa gástrica y tiene todas las probabilidades de convertirse en grasa una vez depositada en el cuerpo humano. Además, el café, cuya ingesta excesiva altera la presión arterial y la absorción intestinal de minerales y vitaminas, y entorpece la absorción del calcio por parte del intestino.

También entre las sustancias que se deben evitar está el tabaco, que es tóxico para el organismo. Entre otros perjuicios, eleva la presión arterial y aumenta las posibilidades de contraer diversos tipos de cáncer, así como de sufrir enfermedades cardíacas.

Otro de los ‘cocos’ para la salud del ser humano es el estrés, tan común hoy en día y del que se supone que debemos librarnos en verano. Al segregar más adrenalina, el cuerpo humano consume vitamina C, E y B en exceso. Los estados de estrés elevan el riesgo de padecer infartos o derrames, entre otras posibles consecuencias negativas.

De la misma manera, el sedentarismo es otro de los grandes peligros veraniegos. La clave para escapar de él se encuentra en la práctica de deporte. Treinta minutos de ejercicio dinámico cada día o la actividad equivalente a escala semanal mejoran el estado de ánimo y ayudan a mantener la salud física. Andar, correr, nadar, etc. Hay cientos de posibilidades, pero en verano hay que practicar deporte de manera racional: a primera hora o a última del día.

Imagen de Flickr por GViciano

La fruta es un alimento imprescindible en el verano. Además de por lo saludable y delicioso, nos aportan una buena parte de los líquidos que tanto necesitamos ahora que hace más calor. Estas son algunas de las frutas que más pueden ayudar a hidratarnos.

Las 5 frutas más hidratantes

Con el calor vuelve uno de nuestros grandes enemigos veraniegos; la deshidratación. Las recomendaciones básicas para capear bien las altas temperaturas y no tener estos problemas de falta de hidratación pasan siempre por el consumo relativamente constante de líquidos (preferentemente agua). Pero en esta lucha contra el calor también resultan muy buenos aliados las frutas.

Existen un buen número de frutas con alta capacidad hidratante con lo cual además de disfrutar del placer de comer estos alimentos, vamos a contribuir a una mejor hidratación general de nuestro cuerpo así como a un mayor aporte vitamínico. Éstas son cinco de las frutas más hidratantes que podemos consumir:

  • La sandía posee más del 90% de agua, a lo que suma una muy baja presencia de hidratos de carbono con origen en la fructosa, lo cual es un aporte calórico realmente bajo en un producto muy refrescante e hidratante.
  • La piña se compone principalmente de agua, que representa el 85% de su peso total. Es otra fruta altamente hidratante, que además puede consumirse como tal o en platos como ensaladas.
  • El melón posee un 92% de agua. Gracias a su sabroso sabor se convierte en una gran alternativa a postres dulces mucho menos saludables y, desde luego, menos hidratantes y refrescantes.
  • Las fresas presentan nada menos que el 91% de agua. Es una fruta que, además de poseer cualidades hidratantes, tiene bajo contenido en sodio y alto contenido en potasio y calcio, así como L-arginina, por lo que también se le atribuyen cualidades diuréticas
  • Las naranjas, con un contenido aproximado del 88% de agua, nos ofrecen también un aporte vitamínico alto, además de ser una fruta muy sabrosa.

En definitiva, debemos tener en cuenta que aproximadamente entre el 80% y el 90% de la composición de las frutas es agua. La unión del porcentaje elevado de agua y los propios aromas de los alimentos hacen que sean refrescantes y una buena herramienta para combatir el valor del verano.

A la hora de poner la fruta en nuestra mesa el verano es un buen momento. Si no existe ninguna contraindicación para ello, podemos incorporar a nuestra dieta un buen número de piezas diarias: entre tres y cinco piezas son una buena opción si luego no olvidamos también incorporar verduras en nuestros hábitos alimentarios.

Imagen de Flickr  por daisti-diseños